harlem Shake

Una búsqueda rápida en Youtube (la plataforma de video en línea, propiedad de Google) arroja casi 14 millones de resultados relacionados con las palabras “Harlem shake”. El primer video de la lista tiene más de 24 millones de reproducciones; el siguiente ya sobrepasó los 63 millones.

“Harlem shake” se convirtió en una especie de denominación genérica para nombrar un baile (o una fórmula de baile, mejor, ya que no hay dos representaciones iguales) que toma su nombre de una canción realizada por un dj conocido como Baauer. Los videos que contienen la pista mezclada por el artista provienen de países como Estados Unidos, China, Colombia, Argentina, Alemania y un amplio etcétera de territorios. Es lo que se conoce, en el lenguaje de la red, como contenido viral, un virus mediático, si se quiere.

Baauer es hoy en día una celebridad musical instantánea, catapultada por la ubicuidad de su tema. Es también un artista que, sin saberlo, se metió en problemas legales con Héctor Delgado, un músico puertorriqueño retirado, y Jayson Musson, un rapero de Estados Unidos, según reportó el diario norteamericano The New York Times. Ambos son las voces más reconocibles en la pista, las que dicen “Con los terroristas” y “Then do the Harlem shake”. Ninguno dio permiso a Baauer para utilizar parte de sus grabaciones, al parecer.

Desde que el contenido se volvió viral, alcanzando audiencias que pueden llegar a triplicar el rating de todo el horario estelar en varios países, la pista de Baauer se convirtió en un éxito comercial, que lo elevó en las listas de ventas y popularidad. Y por ahí fue que llegaron los problemas. Delgado, a través de un representante, aseguró que buscará compensaciones monetarias por el uso de su material, mientras que Musson afirmó que se encuentra en conversaciones con la disquera del creador de “Harlem shake” para llegar a un acuerdo de pago.

El supuesto crimen de Baauer es una infracción al derecho de autor; no importa que los miles de videos que utilizan su pista no duren más de 30 segundos.

Lo sucedido con el dj vuelve a poner de moda una polémica acerca de los límites del derecho de autor a la hora de crear nuevo material, de mezclar, remezclar, adaptar y dar a la luz una bestia diferente, una suerte de Frankenstein cultural.

“La cultura se construye sobre la cultura pasada. La evolución humana está montada sobre el pasado”, opina Diego Maldonado, un músico bogotano quien está detrás de Dejuepuchas, un proyecto musical que toma elementos de la cultura popular para producir temas con este material.

En la música de Dejuepuchas entran fragmentos de producciones radiales y apartes de programas de televisión de los años 80 para ser reformulados en tono, orden, estructura y así dar vida a nuevo material; como tomar las notas de toda una producción cultural para tocar una tonada diferente y novedosa.

Los ejemplos abundan, desde Muddy Waters y Led Zeppelin hasta The Rolling Stones, todos artistas exitosos que, de alguna u otra forma, utilizaron material anterior a ellos para producir nueva música. En el proceso nadie fue a la cárcel, al menos por estos hechos. ¿Es mezclar un delito? ¿El sample (tomar muestras para utilizarlas en otro producto) es una herramienta penalizable?

La cuestión de fondo, más allá de los detalles técnicos, tiene que ver con el grado de control que se ejerce sobre la cultura, en primer lugar, y en segundo, sobre cosas como la libertad de expresión. “Con el nacimiento de internet emergió una generación mediáticamente alfabetizada y los miembros de esta aprendieron a transformar la cultura del mundo en algo diferente y a este nuevo lenguaje lo llamaron remix. El proceso creativo se volvió más importante que el producto, porque los consumidores son ahora creadores”, asegura Brett Gaylor, director de RIP: A Remix Manifesto, un documental que analiza las tensiones entre la industria del entretenimiento y los creadores de contenido, gente común y corriente con un computador y mucha creatividad.

Este no es un tema sin importancia cuando se tienen en cuenta episodios como una pelea de 2011 entre Greenpeace y Mattel por una serie de parodias que la organización ambiental hizo con Barbie, la muñeca infantil, para denunciar que el fabricante de juguetes apoyaba la deforestación en Asia; el material debió ser retirado de la plataforma publicitaria de Facebook por infringir el derecho de autor. ¿Era un conflicto de uso de marca o de callar el disenso? ¿Qué pasa cuando se usen fragmentos del discurso de un político para crear, por ejemplo, una canción que lo parodie?

De acuerdo con el reporte de The New York Times, Delgado, uno de los músicos que buscan compensaciones monetarias de parte del dj Baauer, aún no ha tomado acción legal alguna contra un par de músicos de Filadelfia que también usaron fragmentos de su música en 2010, aunque no tuvieron mayor éxito comercial.

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