Los cambios que redujeron la agresividad de los tratamientos empleados contra el cáncer infantil tuvieron un doble beneficio: aumentaron como nunca el número de niños que sobrevive a la enfermedad y eliminaron las complicaciones a largo plazo que resultaban letales hace una generación, de acuerdo con un nuevo estudio.

La radiación y la quimioterapia han salvado a muchos menores de la leucemia y otros tipos de cáncer, pero algunos de estos tratamientos pueden dañarles el corazón y otros órganos, problemas que años después terminan por causarles la muerte.

En la década de 1990 se emprendió una campaña para impedir esos “efectos colaterales tardíos” en los niños, que empleaba dosis de radiación menores pero más específicas, evitaba ciertos fármacos y cambió la forma en que se les aplicaba la quimioterapia.

Sin embargo los doctores temían que los tratamientos menos agresivos pudieran reducir las probabilidades de sobrevivencia de un niño con cáncer.

Un nuevo estudio que analizó más de 34.000 casos compilados durante décadas de niños que sobrevivieron al cáncer arroja una feliz conclusión: No.

La tasa de sobrevivencia de los chicos mantuvo su tendencia al alza, incluso con tratamientos a los que se redujo la agresividad. Y hubo menos muertes a causa de un segundo cáncer o problemas del corazón o pulmones 15 años después de que terminaran su tratamiento inicial.

“El campo necesita buenas noticias” y este estudio las trajo, dijo el doctor Greg Armstrong, del Hospital de Investigación Infantil St. Jude en Memphis, Tennessee. Armstrong encabeza el Estudio Sobre Sobrevivencia de Menores con Cáncer, que financia el Instituto Nacional del Cáncer.

“Hemos reducido el tratamiento, la terapia” y aumentado la sobrevivencia, agregó.

Los resultados fueron examinados el domingo durante la Conferencia de la Sociedad Americana de Oncología Clínica en Chicago.

El tratamiento del cáncer infantil es “uno de los milagros de la medicina moderna”, declaró Armstrong. “Hace 50 años, menos del 30% de los chicos sobrevivía al cáncer y ahora sabemos que poco más de 80% lo logra”.

Esa alta tasa de sobrevivencia permitió a los médicos en la década de 1990 reducir la agresividad de ciertos tratamientos a cierto tipo de pacientes en un intento de evitarles efectos colaterales posteriores. El estudio comparó las probabilidades de sobrevivencia antes y después de esos cambios en los tratamientos.

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