Juan Tomás Taveras
Juan Tomás Taveras

Por Juan Tómas Taveras

Desde que  tengo uso de razón, he visto  las quejas y ataques de parte del gobierno haitiano y sus diplomáticos en contra de la República Dominicana, siendo la principal acusación el racismo, además de maltratos y discriminación a los inmigrantes residentes en su mayoría ilegalmente en el país.

A pesar de todas esas agravadas acusaciones, infundadas e injustas, nuestro Estado siempre ha mantenido respeto, apoyo y solidaridad en todas las circunstancia con el pueblo haitiano, en esta ocasión con la Ley de Regulación es otra oportunidad más en que la sociedad dominicana y el gobierno, han demostrado su verdadera posición, sentir y compromiso de hermandad con el pueblo haitiano, haciendo realidad que “el familiar más cercano es nuestro vecino”.

Reconozco que en algunas ocasiones República Dominicana ha manejado situaciones de  las relaciones dominico-haitiana de manera inadecuada, y como pasa en todas las sociedades más desarrolladas donde hay migración, muchos se aprovechan de los inmigrantes ilegales, no siendo nosotros la excepción, pero a diferencia de otros Estados, a pesar de haber sufrido una ocupación  por 22 años por parte del Estado haitiano, nuestro país  no ha usado represalia ni se ha beneficiado de los intereses y riquezas de nuestros vecinos, como los han hecho otros  países desde la época de las colonias, historia que todos conocemos, sin embargo “los que se definen defensores del Estado haitiano y sus habitantes”, nunca han atacado ni acusan ni reclaman, a los que si le han defalcado e intervenido como Francia, Estados Unidos, Inglaterra y España.

La realidad es que una reconstrucción del pueblo haitiano, además de necesitar recursos y apoyo de otras naciones, sólo puede ser posible con voluntad y decisión firme de las autoridades y el pueblo haitiano, es innegable que en este momento la Republica Dominicana, el gobierno y toda la sociedad en su conjunto, ha hecho y está haciendo más para esta causa de reconstrucción del pueblo haitiano que las grandes potencias, que el mismo pueblo haitiano, sus diplomáticos y su clase rica, que solo han considerado criticar.

¿Dónde están esas ONG, esos protagonistas “defensores” de los mejores intereses del pueblo haitiano?

Hasta cuando la sociedad haitiana seguirá pagando una deuda tan injusta como la que le han impuesto algunos países desarrollados, creo que es el mejor momento para condonar esta deuda y devolverle parte de lo que le han robado, no solo a Haití sino a la isla completa de la que dos terceras parte corresponden a la Republica Dominicana.

Luego de este planteamiento, quiero llamar a la reflexión en primer lugar a nuestras autoridades y en segundo lugar a la sociedad dominicana, con un grito de atención para enfocarnos en los problemas que tenemos los dominicanos y que en ciertas medidas son consecuencia de la irresponsabilidad de nuestros gobernantes con todos sus funcionarios y asociados del sector privado, incluyendo las transnacionales, es por ello que les exhorto “a que sigamos ayudando al pueblo de Haití, pero sin descuidar a nuestro país” que en estos momentos carece de salud, educación, energía eléctrica, de agua potable, de alimentos y combustibles asequibles, protección de medio ambiente, seguridad ciudadana, viabilización del tránsito, calidad de servicio, control en las  fronteras, transparencia y probidad en la administración pública.

Tanto empeño en mostrar  lo que siempre hemos hecho, ser solidario y tolerantes con los nacionales haitiano, será un bumerán tarde o temprano, pues el no ver nuestra realidad es una estrategia de los sectores internacionales que le interesa que nuestro país sea la solución de la migración haitiana hacia a América del Norte y a Europa, no seamos iluso con esos cortejos de momento para encubrir. Lo correcto y viable es que los grandes esfuerzos se enfoquen en nuestros intereses nacionales que recogen las demandas y necesidades reales de la sociedad dominicana.  Es la oportunidad para resolver todas las incongruencias y problemática de las relaciones  y situaciones dominico-haitinas,  por parte de ambos Estados, con el apoyo imparcial de los injerencistas internacionales.

Para muestra, un botón, no es posible que los pacientes dominicanos tengan que postergar o morir cuando no pueden pagar una clínica, porque en su mayoría los hospitales públicos tienen las camas ocupadas los nacionales haitianos. El compromiso del Estado dominicano debe ser primero con su pueblo, que es quien paga los impuestos, lo que deben ser retribuidos en bienes y servicios, pero los cuales llegan muy poco y en muchas ocasiones ni llegan. Con el perdón de la Madre Teresa, no estamos en condición de dar hasta donde nos duela. Pues el dolor es parte de nuestro diario vivir.

Dios les bendiga siempre Pueblo Dominicana.

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