Coquero, frutero, pintor, motoconchista y marchantas en el mercado, todos se inscribieron en el Plan de Regularización. Con pasaporte o acta de nacimiento. Llegaron, dicen, pagando visa o pasaje. Envían regularmente dinero a sus familiares en Haití.

Tener la oportunidad de regularizarse, lejos de ser una tortura, ha sido para ellos una bendición: “Si tengo papele, soy libre”, dice Sony Lanoix.

Liberación.

Libres de la esclavitud de la invisibilidad social y de derechos a los que los somete vivir irregular en un país, la República Dominicana, que ha sido, según ellos, su salvación.

Salvación.

A salvo del hambre y de la falta de empleo, a salvo de querer educar a sus hijos y no poder, a salvo de tener que parir o curarse y no tener dónde.

Libres y a salvo de la indolencia y de la irresponsabilidad de sucesivos gobiernos en Haití que no se ocuparon ni se ocupan, porque no les preocupa su gente, ni les atormenta el sufrimiento del pueblo haitiano.

El proceso de regularización de extranjeros en condición migratoria irregular en República Dominicana aún no termina. 288,466 extranjeros se INSCRIBIERON, muchos aún completan sus expedientes con los papeles faltantes, con la ilusión de llevar una vida normal, productiva y feliz en la República Dominicana. Ahora, el Ministerio de Interior y Policía está en la fase de ENTREGA de carnés.

Igualmente, por mandato de la ley 169-14 que vino a resolver situaciones creadas por la Sentencia 168-13 del Tribunal Constitucional dominicano, la Junta Central Electoral (JCE) ha RATIFICADO la nacionalidad dominicana a 55,000 personas nacidas en nuestro país de ambos padres en condición migratoria irregular, ratificación que podrá, en consecuencia, beneficiar a sus hijos e hijas.

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