Realizan simulaciones de debates, se encierran con sus asesores y ensayan sus respuestas. Pero la principal preocupación de muchos de los aspirantes a la candidatura presidencial republicana a medida que se acerca el primer debate preelectoral es cómo lidiar con el imprevisible Donald Trump.

El magnate ha acaparado toda la atención en las últimas semanas y amenaza con hacer lo mismo cuando los 10 aspirantes principales –a ser seleccionados mediante encuestas nacionales– debatan por primera vez ante una teleaudiencia nacional el 6 de agosto en Cleveland. Será un momento clave para los candidatos, ansiosos por despegarse del resto en una contienda muy nutrida, que Trump puede convertir en un show personal.

“Es imposible evitarlo”, declaró el ex presidente de la Cámara de Representantes Newt Gingrich, candidato republicano en el 2012 que se las ingeniaba para sobresalir en los debates.

“No se puede tratar de equiparar su furia y su agresividad. Es imposible”, agregó. “Es un individuo instintivamente muy agresivo y si tratas de fajarte con él en su terreno, te hace papilla”.

A pesar de que se le dan pocas posibilidades, Trump, magnate de la industria de la construcción y protagonista de reality shows, ha concentrado toda la atención sobre sí mismo y sube en las encuestas después de hacer comentarios provocativos sobre los inmigrantes, sus rivales en la contienda presidencial y quienes lo critican en ambos partidos.

A sus partidarios les encanta el hecho de que está dispuesto a decir lo que otros solo piensan. Pero eso puede ser peligroso en un debate, según Charlie Black, estratega republicano que ha trabajado en varias campañas presidenciales.

“Hay que tratar de ignorarlo”, afirmó Black. “Cuanta menos atención se le preste, mejor. Yo ni lo miraría”.

Eso, sin embargo, no será fácil en un programa televisado a toda la nación en el que seguramente Trump va a desempeñar un papel central. De hecho, probablemente se lo ubique en el centro del escenario por encabezar las encuestas.

Uno de los que parece ansioso de trenzarse con Trump es el ex gobernador de Texas Rick Perry, suponiendo que participe en el debate, algo que hoy por hoy no es seguro. Dieciséis republicanos han lanzado sus candidaturas y en el debate estarán solo los 10 primeros de las encuestas. Varias figuras prominentes podrían quedar afuera, incluido Perry, quien no está generando demasiado revuelo.

“Si Donald Trump quiere presentarse en el escenario y hablar de soluciones, me complacerá tener esa conversación”, declaró Perry a Fox News. “Pero si lo único que va a hacer es lanzar insultos, trataré de frenarlo, con dureza”.

El senador Rand Paul dijo a la Associated Press que está listo para el examen. “Uno tiene que plantarse firme”, expresó Paul, agregando que la política es “en cierta forma un combate físico”.

Incluso sin la presencia de Trump el primer debate se perfila como algo caótico.      Nunca hubo diez aspirantes en un debate presidencial republicano. El tema es uno de simple matemática.

En un debate de 90 minutos con 10 candidatos, habrá tiempo para cuatro o cinco preguntas, sin posibilidades de debatir en serio. Pocos esperan que Trump respete los límites de tiempo y las demás reglas que fijan los organizadores.

Ron Kaufman, asesor de Mitt Romney, el candidato republicano a la presidencia en el 2012 y quien ahora colabora con Jeb Bush, opina que Trump ofrece a los candidatos menos conocidos la oportunidad de generar un poco de atención.

“Creo que tienen que fajarse con Trump”, declaró. Varios candidatos ya están abocados de lleno al debate. Bush, uno de los favoritos, contrató hace poco a dos veteranos de la campaña de Romney del 2012, Beth Myers y Peter Flaherty, para que lo preparen. Afirma que todavía no empezó la preparación intensa, pero sus asesores comentan que la semana que viene trabajará mayormente en ello en la Florida.

Bush no participa en un debate desde que fue reelegido gobernador de ese estado en el 2002.      “Mi objetivo es, cada vez que pueda, hablar de lo que hice”, expresó Bush esta semana en Carolina del Sur. “Hice muchas cosas buenas”.

Aseguró que no irá al debate pensando en Trump ni en ningún otro rival y que no sabe “qué rumbo van a tomar las cosas”.

El gobernador de Nueva Jersey Chris Christie se especializa en sesiones de preguntas y respuestas con la ciudadanía en las que se habla de todo, a veces muy largas, y admite que tendrá que enfocarse en ser conciso.

“Con 10 personas en el escenario, lo importante va a ser dar respuestas cortas y comprensibles”, declaró Christie en New Hampshire. “Tendré que ser disciplinado y comunicar mi mensaje en un grupo de 10 personas con un par de moderadores en un período de tiempo corto”.

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