La repostería tiene tres tipos de merengues (suspiro), que son italiano, francés y suizo. Su uso suele ser muy variado, empleándose como cobertura, relleno y en postres horneados. Las claras de huevo y el azúcar son los protagonistas en estas recetas; aunque tienen ingredientes y técnicas en común, se diferencian por su preparación.

El merengue italiano, conocido en nuestro país como suspiro, tuvo sus orígenes en Europa, donde en un principio se moldeaba con una cuchara antes de hornearse, técnica que más adelante se reemplazó por el uso de la manga de repostería.

El suspiro italiano se elabora montando las claras de huevo a punto de nieve hasta que tomen una textura esponjosa, se agrega un almíbar que debe alcanzar una temperatura de 240 grados Fahrenheit o punto de hilo. Continuamos batiendo y lo saborizamos después que se haya refrescado con vainilla u otro saborizante.

El merengue francés es el más simple, conocido también como merengue básico. Se elabora montando las claras de huevo a punto de nieve y agregando azúcar granulada o pulverizada.

El merengue suizo, en cambio, se elabora llevando las claras de huevo y el azúcar granulada a baño de María, batiendo constantemente hasta que el azúcar se disuelva a una temperatura no mayor de 125 grados Fahrenheit. Luego se lleva a la batidora eléctrica y se continúa batiendo hasta que tome consistencia e incremente su volumen.

El suspiro es la cobertura ideal para los bizcochos, por su delicado sabor y satinada textura, y aunque otras técnicas han tomado auge en la repostería local, nuestro delicioso suspiro siempre está presente en nuestras decoraciones.

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