Rafael Percival
Rafael Percival

Por Rafael Percival Peña,-

Rafael Percival
Rafael Percival

El acontecimiento sacudía de espanto todos los cimentos de la sociedad santiaguera de la época. La marcha lucía  un mar de llanto en una mudanza de tropas dentro de un hospital geriátrico militar. Turbas de rencos desaliñados, vendados, harapientos y entablillados soldados heridos físicamente y moralmente, gimiendo de dolor por dentro de su terrible orgullo herido.

Físicamente y mentalmente destruido por la fatiga y las profundas heridas en sus cuerpos, no solo por la derrota vergonzosa que habían sufrido. Sino, por la pérdida de  tres altos oficiales españoles de las distintas ramas que sucumbieron en el combate del Barranco. Un  río de camillas seguía el difunto cadáver de quien fuera  el comandante de la columna, Florentino García.

Santiago se tiñó de escozor y la tarde embebecida en jirones de alegría fiesteaban por debajo la derrota española. Y desde ese momento se supo: ¡Que la cosa era en serio! A los blanquitos del carajo le chuparón el ánimo del cuerpo una ciguapa Cibaeña . No aguantarán ¨ese fuete¨ que se le viene encima….Usted lo verá compai…, musitaba entre los pocos diente un destartalado viejo. Esos blanquitos son bellacos, decía una voz trémula, sin ningún diente en la boca fumando un cachimbo que espantaba los moquito, y hasta las abejas…….Musitando palabras entre las guasábaras espinosas por los abusos y discriminaciones  que se tornaron orden del día en la cotidianidad de la sociedad Santiaguera de aquel tiempo. El resentimiento, afloraba entre las casuchas mal paradas al  ver llegar la caravana mortuoria arrastrando la guadaña de la muerte.

Por dentro, en sus cavilaciones celebrarón entre  pensamientos de  júbilos la derrota. Al ver entrar a tan despreciado y humillante personaje, el “aborrecido Buceta”, enemigo jurado de los prietos, se les humedecierón los ojos al verlo llegar con todo el cuadre perdido de Brigadier. ! Ya no jodes mas, el carcelero de la Ceuta. Los negritos de aquí le quemaron las nalgas! Los amigos  del poeta Eugenio Perdomo, Espaillat y Lora cargaron con la peor suerte lo fusilaron por orden   de Santana en la “zaragata” de febrero pasado. La venganza se sentía por doquier.

Solo recordaremos en el espacio sideral del viento la voz   estremecedora del poeta santiaguero cuando espeto frente al caldaso :“LOS DOMINICANOS CUANDO VAMOS A LA GLORIA, VAMOS DE PIE”. Ya lo negritos curtidos del Cibao acumularón la experiencia de febrero pasado, desoyendo los consejos entreguistas y oportunista. Habían afilado su prótesis siamés de su cuerpo con una piedra de río ante los ojos atónitos de una docena de Jaiba del Yaqué del Norte, escondiendo en la letrina el ‘machete gallito’ para un segundo evento.

Buceta,  gobernador de colonia. Jefe de jefes orondo en el patio, que se creía dueño de  todo. Entró con las tropas a la ciudad corazón, en su procesión mortuoria. Tenía los ojos dislocados y tartamudeaba por segundo parecía un loco con sus ojos desorbitado, en su trágico pensamiento cabizbajo de sus empalagosas  adulaciones aristócratas. Se sentía débil al ser desmontado del tigre de un solo manotazo. Se ufanaba de sus ademanes históricos de ser el carnicero carcelero de la Ceuta. Demacrado, se había salvado en uñita a Benito y Pimentel, perseguidores implacables por la imposibilidad de vencer la fatiga y el cansancio. Arrastraba un zumo de olor espantoso a ¨macutito de pecador¨ que se olisqueaba  a distancia. Sus calzados estaban  hechos añicos, su melena como una tuza de maíz desaliñada  y su casaca de Guacamayo de brigadier de la Corona Ibérica parecía  mordida por un burro sabanero liniero.

En fin, arrastraba una apariencia tísica sacado de un ataúd tras dos años de estar “en el mas allá”. Buceta,  paradoja del destino, fue salvado por las vainas de un negro dominicano mal parido que se convirtió de la noche a la mañana en el ángel de la guarda de sus pasos, dentro de la inhóspita selva en la inconsciencia intermitente de la muerte. Al espantar la mula, y salir huyendo de Dajabón como animal que lleva el ánima del diablo, cuando los Restauradores desguazaron el orgullo español: El  Batallón San Quintín.

Desde el mismo momento en que se sumó Gaspar a la rebelión en Guayacanes, Santiago Rodríguez, adelantó la vaina para el 16 de agosto. Para entonces, ya los hierros “botaban fuego” habían sido trasegados por las bestias de carga desde Haití por las lomas y los montes de David. Le debemos mucho al haitiano Presidente Salnave, quien colaboró con trescientos fusiles y tres mil cartuchos.

Era imposible postergar esa vaina que latía por dentro de cada hombre, muchos de ellos en su gran mayoría analfabetos, pero pletóricos de patriotismo por dentro, mucho mejor para deletrear esas vaina de la patria con el filo del “fiero hierro” del machete. “ESA VAINA QUE NO SE VE, NI SE COME, NI  SE HUELE, PERO QUE DUELE TANTO, Y ES UN BENDITO FOGON ENCENDIDO EN EL PECHO QUE UNO LLEVA POR DENTRO, QUE POR MAS AGUA QUE UNO “LE AJUTE” NO SE APAGA JAMAS” ¡LA PATRIA QUE HA SIDO MANCILLADA TANTAS VECES!  ¡Vivan los restauradores!

El 15  de agosto de 1863, catorce patriotas cruzaron la línea de Francisco Pizarro y quemaron las naves de Hernán Cortés. Santiago Rodríguez enhestó la bandera en Capotillo que confeccionó Humberto Marsán, naturalizado dominicano. Pero en verdad oriundo de Saint Thomas. Un poquito más pa” lante la izo también Benito Moción con más vehemencia.

En las pastillas con la libertad prendida en toda las fibras del filo de sus entrañas. ¡Ya coño, a nadie que me venga con pendejadas, a cualquiera que se le pasme y se le agüen los cojones de ahora pa” lante. No debiera de estar en esta vaina, y ahora mismo lo fusilo yo mismo! ¡Vamos a ¨descocotar¨ a estos cacharros de la mierda!………. “que se creen que tienen agarrado a Dios por una pata. Vayan a joder para allá, con su jodía Reina Isabel II, dijo con voz gutural  Pedro Pimentel. Detrás de él iba una carreta tambaleándose, forzada por el peso cargando sus forros testiculares.

De aquí en adelante, solo se sentirá el olor a  ¡Pólvora, Miaó y Sangre! dentro del macuto de nuestra “puta vida” dice colérico, sonrojado y “frunciendo el entrecejo”, Benito Moción. Herido en la cabeza y en el ante brazo izquierdo.

Los relinchos de las yeguas se podían oírse a distancia, ordeñando a “puro coj….”  el silencio eterno del monte en la nocturnidad sideral, hasta que  llegara la aurora feliz del 16 de agosto. Para entrarle a dos mano a los blanquitos del ¡ Coño estos, que se creen dueños absolutos de esta vaina! y picotear todo el vivo que “entrara y saliera” de Guayubin.

Los Dajaboneros eran salvajes, Bárbaros de Atila en ese aspecto y no le hicierón caso al clamor de su jefe Santiago Rodríguez, cuando expetó: “A los prisioneros había que preservarle la vida”…..!NO LO MATEN! ¡Mierda para el jefe del coño este! Se cree que nosotros vamos para una misa. Gritó Monción en su sinceridad descarnada, secundado por Pimentel. Esos blanquito de la “mierda” se han copulado a todo el mundo. Ellos van a ver ¡Carajo, lo que es peinar cabello bueno con una tenaza “encendía” con carbón de palo de guazábara! Lo que son los hombres de pelo en pecho y lo que se le viene encima.

Sin discursos estrambóticos, sin monumentales pronunciamientos, sin palabritas rebuscadas, pero si con el hierro “afilao” en una piedra de un río y ajustándolo como   prótesis normal de nuestro cuerpo en la cintura ¡A picotearlos, a todos! ¡Que no quede,  uno solo, Coño! Que ni los lagartos queden vivos…..

En los rescoldos de los caminos, visibles al público dejaban los cadáveres mutilados mandando un mensaje psicológico aterrador a  todo el vivo en la región. Desnudos y “macheteaós” por todo sitios,  los cadáveres apestaban  el aire con su fragancia pestilente de carne podrida, descompuesta por el calor del sol. ! Noooo… lo entierren coño, es para que todo el que está vivo lo vea! Eran indescriptibles aquellas atrocidades cometidas.

Fue el combate más sangriento de nuestra historia. Por todas partes se encontraban restos esparcidos de brazos, orejas, pies, troncos, cabezas….! Anda pa” la mierda! !Que han hecho! ¡Carajo!…. ¡Y qué es esto!  Exclamó Santiago Rodríguez. Antes de irse para Sabaneta y abandonarlo todo, se largó para el carajo, envainando su espada para siempre !YO NO MEMETO EN ESA VAINAS! ¡Eso no fue lo que hablamos! Pero, ya era tarde.

En el 1857, ya  lo habían ido a  buscar, y le dijo: ¿Ustedes quieren que me quede “enganchado”, como perico en la estaca igual que Desiderio Valverde” Pues ahí si no, coño. Yo no  me meto en eso. Me voy para el carajo.

La bandera la de la cruz blanca, con colores de azul y blanco fue  la que vio ondeando Buceta desde Coco Beler y desde que la vio en la lontananza no se paró huyendo despavorido escurridizo como un reptil, hasta  llegar defecándose a Santiago. Curando sus heridas y lamiéndola como pudo. Se detuvo en la espesura del monte y comenzó a lamer las llagas de  su alma.

Ya para entonces el comandante de la columna española, Florentino García, había tomado la mala decisión de  cruzar el barranco de un kilómetro de longitud ¡Tremendo error! Gaspar con sus dotes excepcionales de guerrero, llevó sus tropas en retiradas escalonadas, primero desde Navarrete, luego Esperanza, hasta Guayacanes. Jalando al ‘peje gordo’ al pasito……..pero seguro, hasta que el peje picara la carnada.

La emboscada en la barranca empinada de un kilómetro de longitud, se podía notar desde lejos. Los españoles al cruzar por el barranco compraron su muerte segura y Gaspar solo atinó a que se oscureciera para lanzarse sobre ellos con la carga del machete. Máximo Gómez miraba por una rendija en el sur los acontecimientos y Pedro Florentino le había perdonó la vida. Asimiló y aprendió a desatar los “Perros de la Guerra”. Y todas esas vainas de las marañas que se hacen en ellas. Para después darle fuete….. También en Cuba a los españoles.

No muy lejos de de ese lugar, estaba el despavorido Buceta, más malo que Campillo y la Gandara juntos, quien puso sus pies en polvoreada como ánima que lleva el diablo en Dajabón. Cada uno de sus hombres estaba siendo cazado en el monte como lagarto. En un pleito encarnizado con el machete vengador dominicano. Navegaba desorientado a campo traviesa.

Buceta, soldado experimentado sabía el costo de muerte cuando comenzó la refriega del Barranco en la oscuridad de la noche. Cada disparo y cañonazo, sabía las consecuencias a las cuales se conducía irreversiblemente. Solo esperó el grito de jolgorio de la  celebración  de alegría en la lejanía de sus perseguidores, sabía en su interior lo que eso significaba para él ……No tenía que ser muy inteligente, para saber que le ocurrió a las tropas que salierón a rescatarlo. ! Se jodieron….!!!!!!!

Atinó solo a  Curar con sebo de Flande, las llagas de la planta de  sus pies. Remedio que le dio Matute el guía  traidor que le salvo la vida, y que le falicitó Doña Ceferina de Calderón con su yegua nuevecita y descansada. Matute el práctico, engendró la condescendencia de salvar al ¨cabron¨ de Buceta, cuando todos querían echarle el guante para picotearlo. La gente de Gaspar encontrarón tres caballos y sabían que Buceta no andaba muy lejos.

Buceta tenía toda la cara descascarada por el chuleo pernicioso e  incisivo de las ramas de los árboles que acariciaban sin cesar al paso dulce de su piel blanca europea. En el tosco paisaje del Caribe sediento, lleno de esperanza libertaria se erguía un pueblo noble reclamando sus derechos. La misma naturaleza exigía su cuota de desquite. Todo su flamante uniforme con su ampulosa casaca de  Guacamayo de brigadier del León Ibérico  estaba hecho una “mierda de estropajo”, en otras palabras “! hecho una sica…..!”.

Parecía que la vieja bruja de la mitología de Merlín el Mago se lo había chupado en un alambique con “chupones sórdidos” de besos carnales secretamente pasionales. Dejando sus huellas afiladas, marcadas en la cara y el cuello por las espinas tupidas de las ramas silvestres. Lleno de mugre desde los pies hasta la cabeza en su desesperación acongojada. Cabizbajo entre las espesura del monte, desfalleciente arrastraba al  mismo diablo en su alma. La sica y la orina pestilente recorría el ruedo de lo que quedaba de su pantalón.

Entre un río de muertos y heridos quejumbrosos, se juntó en el camino al oír una trompeta que mugía llena de desaliento la derrota del Barranco frío. Sin ganas de no tocar jamás, al paso de la Jaiba insular indómita de nuestra ¡Quisqueya valiente y altiva!……..Donde el machete heroico pudo más que la bayoneta,la carabina y el cañón.

Fue en la “jodía”  Cañada del Barranco frío, donde  se pagó por primera vez el precio de la Anexión. Fue allí, donde el excepcional estratega Gaspar Polanco, nuestro “GUERRERO ANALFABETO”  dejó cruzar a las tropas de  florentino  para hacerle  ver “donde picaba el peje” y como se comía Jaiba con arepa rellena de aguacate. En ese kilómetro y medio de longitud le tendió una emboscada magistral  para aniquilar por completo la columna del León Ibérico, convirtiendo su marcha retirada en una escena dantesca.

Gaspar solo esperó, a que la noche se hiciera dueña de la luz, en el cruce del barranco histórico tres comandantes españoles pagaron con su vida, incluyendo el comandante de la columna, Florentino García, que no cumplió con la orden de rescatar a Buceta en su espantosa huida. Tarde se percató el comandante Florentino de su error garrafal de volver atrás. Ya la suerte estaba sellada con confites y serpentinas China. Gaspar Polanco, guerrero excepcional nato, se frotaba sus manos a pesar de su analfabetismo. Tenía dones naturales  de como hacer la Guerra y como también conducirla, y acariciar el triunfo, aprovechando el máximo de esos dones dado por el creador.

En todo el trayecto desde Guayubin hasta Guayacanes las emboscadas fueron planteadas continuas y sucesivas entre la sorpresa y las acechanzas hasta el ‘jodio barranco empinado’ de un kilómetro de longitud. Moviéndose rápido, golpeando duro y acabando pronto con el enemigo. Fue ahí, donde verdaderamente besaron el polvo de la derrota debajo de sus pies. “Los blanquitos” del carajo que se creían tener a Dios ¨agarrado por una pata¨.  Nada más gemían como iguanas heridas en su silencio absoluto de su propia compañía. ¡ Que jodía vaina esta, pa” que me metí  yo,  en esto! ¡ Que vaina! decían .Rezaban en su adentro como  niños realizando su primera comunión para que la noche no fuera vencida por el día. Sus emociones retorcidas eran como tratar de  atrapar un gato prieto en una habitación oscura. Y  ahora es que falta para la maldita aurora, todo lo gatos son prieto en esta jodia oscuridad.

Gaspar atinaba a decirle a sus hombres “yo les ordenaré cuando”. Suelten el fusil y tomen el machete, naturalmente después de haber perfumado el aire con pólvora. “Eran nuestros soldados negros milicias rurales, que se convertían de “hombres a bestias en un prontito”. Muchos  sufrieron ellos de las manos de esos blanquitos cacharros, engullidos en sus pretenciosas soberbia de humillaciones, ultrajes e insultos que le vomitan a cada rato a los negritos del carajo “come Coco” de  esta isla.

Toda la escolta de Buceta, desde su salida de Dajabón se lo habían tracado  a machetazo uno a uno. Un total de 64 hombres que tenía, solo quedaba él  y dos más. Ya la ínfula del Brigadier Mayor se la tragó el Chivo y Borbón en Guayubin al pasar hasta los internos heridos y prisioneros en la más espantosa matanza con el “filo del machete”. La matazón del hospital de Guayubin no tenía  comparación alguna en nuestra historia. El “Batallón de la Muerte” del chivo se trago de un solo bocado el orgullo español, con la ayudita de Monción y Pimentel, quizás cobrando el recibo atrasado de la  venganza en la matanza del Jaragua  tres siglos y medio atrás durante la época de la colonia.

Santiago Rodríguez envainó  su espada y dijo: “hasta aquí  llegué yo” Cono no sigo mas……. Rodríguez se encabritó tanto por la cruel matanza del hospital, y se largó para el carajo….. ¡No puedo y no debo apadrinar más crímenes, matanzas y a tropelías! Dejo esta vaina! En ese mismo momento, se bautizó él mismo como el primer defensor de los “Derechos Humanos de nuestro pueblo”.

! Coño ! Nos quedamos sin jefe! dijo Luperón. Que vaina, pero hay que seguir pa’lante. ¡El jefe se plumeó, se aplatano! Dijeron a coro los demás. Se convocó a una ‘Junta de Guerra’ en la casa de los Fermines en Guayacanes, para elegir al nuevo jefe. El asesor político de Gaspar era Heneken, un inglés metido en esas vainas de “los perros de las Guerras”. Se zambulló de  un solo chapuzón hasta el tuétano en el proyecto en contra de los blanquito.

A Gaspar lo propuso él, como jefe. Y Gaspar Polanco se secundó el mismo. Era el único General entre los presente, ascendió en el 56 a coronel, y a General en el 58.Tenia una experiencia inigualable en el desempeño de funciones desde el 44. En ese momento, se impuso sobre los otros Restauradores para seguir la lucha y unificar el mando. Gaspar musitó entre las conmensura de  sus labios: “Si ese pendejo de la mierda marica de Matute el práctico, cayera en mis manos”. ! Coño! Lo destripo y después lo fusilo! ¡Cobarde de  la mierda! ¡Quiere salvar a esa sica de hombre de Buceta..! ¡Pendejo de la mierda, no puede negar, cono que es prieto…. traidor!

Encolerizados por  las discusiones con sus compañeros de armas, dijo Polanco: El chivo y Borbón hicieron lo que tenían que hacer. Ustedes se creen ¡Coño! que todos los que estamos metido en esta vaina somos unos angelitos, “cajuilito solimanes”……, “angelitos del carajo…..” ahí…. Coñooo….. Sin esos bárbaros no hay revolución y ella misma llama sangre……., o es que ustedes creen que estas vainas  se hacen en las Iglesias, rezando rosarios, con mantilla puesta en el ‘hocico’, y escapularios. Ripostó Luperón: “Quien era  el que consentía en demasía al Chivo”: “Si Gaspar, pero……. tenemos que contralor un poco al Chivo”, refiriéndose al mocano Manuel Rodríguez, quien comandaba el famoso “Batallón de la Muerte” que descojonó a todo el vivo en el hospital en Guayubin.

Entre  el Coronel Campillo que se largó pa” Haiti como la “jon” del diablo, para salvar su pellejo cuando tomarón Guayubin y  la Gandara, no se sabía cuál de ellos, era el más malo. Los sabuesos rabiosos olfateaban en los recónditos de las veredas rastreaban las huellas a cada paso de su huida expedita, buscando entre pisadas, y ramas torcidas los indicios de aciertos con las mañas de los monteros de las maniguas. Sabían por experiencias pasadas que sus presas habían perdido todo sentido de orientación, y  que estaban siendo engullidos sin masticar por las fauces de la inhóspita de la selva en la maltrecha garganta de la espesura selvática y de un momento a otro regurgitaría, su bocado  amargo atragantado en su garganta. La selva le realizó el  juego de tragárselo de sopetón, cuando lo salvó la decisión del Capitán  español Alverola y sus siete compañeros que entregarón sus vidas por ese ¡Carajo a la vela de Buceta, sica de

hombre! El Brigadier usó la triquiñuela de lanzarle a sus perseguidores incisivos un montón de onzas de oro para distraerlos, antes de llegar a las Peñuelas entre Esperanza y Navarrete.

Arverola le ofreció espantar la mula por los caminos inciertos de la vereda, mientras ellos se enfrentarían a sus rabiosos perseguidores. Con celeridad espantosa designó a dos soldados para su escolta que lo acompañarán en esa retiradita penumbrosa: Un cabo y un raso jovencito los dos.

Supo actuar  con celeridad y se alejó del camino lo más pronto posible, en el mismo momento que llegó el macuto de Monción cargando a “MABOYA” el (pájaro malo) , aproximándose al camino, quien inmediatamente como bestia salvaje se enfrentó sin medir palabras al grupito de españoles que ofrendarían sus vidas para salvarle. Benito Moción recibió un sablazo en la cabeza y un tiro en una mano en el pleito en las cercanías de las Peñuelas. Estas heridas infligidas por un granadero español que luchaba por su vida en la huida.

Derrumbando al prócer de su montura, de pronto actuó como un rayo desprendido del cielo, el perínclito varón de  Pedro A. Pimentel, cuando se disponía a  rematar a Benito en el suelo. De un solo machetazo lo decapitó Pimentel. En ese pleito, Gaspar Polanco, él solo se lambió siete españoles y no está satisfecho….. Siete de los hombres restantes de la desvencijada escolta de Buceta. ! Que hombre este Gaspar! Limpio su sable ensangrentado con el índice y pulgar y al mismo tiempo se paso la mano por su pantalón terminando el ritual de muerte. Como el que no quiere las vainas y no estaba satisfecho…..Todavía.

Haciendo prisionero Gaspar al bravo Capitán Arverola y al Doctor Máriñez, solo un jinete logró escapar de la refriega. Luego se llevaron en parihuela a Moción a Guayacanes para que le cocierán las heridas  en la cabeza y recuperarse de la tunda que había recibido. La saña de los perros rabiosos perseguidores no se detuvo, a pensar de los contra tiempos encontrados en la refriega. Erán verdaderos canes en eses festín de hienas alumbrándose con jacho en sus jaurías nocturnales tras las búsquedas de los blanquitos del carajo que vinierón a joder a estas tierras tan lejanas a las suyas. No querían que se escaparán ninguno!  !Jacho y machete con ellos! !Coño, que no quede ninguno vivo!

Nuestra historia patria está atiborradas de epopeyas  tan “crueles y salvajes” como también  preñada de un heroísmo descomunal de ambas partes. No registrada en el escalpelo desorientado de un buen cirujano en los anales de nuestra historia, ningún hecho de persecución y escape de esa índole se había salvado alguien. Solo,  el francés Ferrand  caía en la cañada de “Guagui” 1808. Y Cesáreo Guillermo posteriormente en 1885, entre la garganta de la malezas azuana ante la mirada atónita de una iguana sabanera, que ni se inmuto cuando el mismo se suicido, ofuscado por el calor de la manigua y el exceso del sol. Ambos  estuvierón tan cerca de la concebida muerte de las manos de sus perseguidores. Terminando ellos mismos sus vidas con sus propias manos, destrozándose el cerebro de un solo cajetazo. La noche del túnel frío terrible del barranco, donde de nuevo “Maboya” hizo acto de presencia persiguiendo a quien lo había prohijado:

Buceta se salvo entablilla a nuestros próceres y héroes, guerrero analfabetos con el pecho pletórico de patriotismo.

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