Tomas E. Montás
Tomas E. Montás

Por Tomás E. Montás

El rescate de la preeminencia del Partido Revolucionario Dominicano  (PRD) como cabeza de oposición política, proclamada y deseada, por  propios voceros del partido de gobierno del presidente Danilo Medina,  no puede venir de un grupo, con debilidad hegemónica, imponiendo su  voluntad; mucho menos, de grupos que se creen acaparadores de las  inteligencias de los perredeístas.

Un grupo de gentes que están ahítos de una moralidad esclava, que  atajan para recostarse del régimen y disfrutar del boato y de los alpistes que, como no caben en el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), porque ahí hay inteligentes en demasía, buscan presentarse como dueños de un derecho a una legitimidad ajena.

Ahora que comprueban la baja estima en las bases del partido, se aprestan a la pantomima de modelar un acto etiquetado de supuesta “indisciplina” para echar a legítimos y tradicionales dirigentes, con  fortaleza histórica, que cuentan con la más alta estima de la  sociedad, con la sola pretensión de disminuirlos en la estima del  pueblo. Pero, hay que decirlo con toda ética partidaria, como lo
expresa el ingeniero Ramón Alburquerque, un alto dirigente, que “nadie  podrá detener a más de la mitad de un pueblo que desea avanzar,  progresar y definir su futuro a través de su instrumento político por  excelencia, como es el PRD. Hemos tenido muchas crisis, incluso,  pudiera decirse que han servido para la renovación y superar esquemas  estáticos, porque de la diversidad surge la riqueza del pensamiento,  que es ley dialéctica”.

Quienes practican la moral política en calzoncillos, acomplejados,  frustrados y “guillados” de intelectuales, que apunten para otro lado, porque con ellos el PRD queda disminuido, cuando no desaparecido, a menos que sea eso lo que persiguen en connivencia con un deseo eterno de gente enemiga de sus símbolos.

¡Y eso se verá, si incurren en el desatino por el que alardean, creídos de que más tarde recibirán apoyo, como ganancia de una campaña ulterior de descrédito de los méritos validados por el sacrificio y la acción que a esos líderes los vincula a la militancia del partido!…

Si se llegara a consumar su desatino, imponiendo su dictadura, vale exhortar a los perredeístas a decirles: ¡Para que me venda otro, me vendo yo!… Y dejarlos solos cual entelequia, con su moral esclava.

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