ECUADOR (EFE).- El dolor por los muertos, los heridos y los destrozos materiales se acentúa estos días en Ecuador que, con pérdidas que podrían alcanzar los 3.000 millones de dólares a causa del terremoto del sábado, prosigue con las labores de recuperación de cadáveres y la búsqueda de supervivientes entre los escombros.

El presidente ecuatoriano, el economista Rafael Correa, fue quien ofreció la estimación de daños que, según dijo, representa un 3 % del producto interno bruto e implica que la reconstrucción de las zonas afectadas durará años.

Las autoridades ofrecieron hoy diferentes cifras de víctimas de la tragedia que, según el viceministro de Interior, Diego Fuentes, habría causado al menos 480 muertos, mientras que el ministro de Defensa, Ricardo Patiño, indicó que los fallecidos son 443 y, según la Fiscalía General del Estado, 525, aunque solo en la provincia de Manabí.

Patiño, por otro lado, agregó que se contabilizan 4.027 heridos y 231 desaparecidos, mientras que el canciller, Guillaume Long, indicó por otra parte que unas 20.000 personas quedaron sin techo a causa de los derrumbamientos de casas y edificios.

En medio de la avalancha de información negativa, el presidente del país ofreció un dato positivo al revelar que hasta el momento se ha rescatado a 54 personas con vida entre las ruinas de los cientos de edificios caídos por la potente sacudida, de magnitud 7,8 en la escala de Richter.

“Ñaño (hermano) allá abajo hay cuatro”, fueron las primeras palabras de una de esas personas rescatadas, una joven ecuatoriana a la que los bomberos de la ciudad de Quito lograron sacar de entre los escombros de una edificación en la ciudad de Manta.

Y es que, mientras algunos de quienes sobrevivieron al terremoto entierran a sus muertos, la vida se abre paso en medio de ruinas, de donde fueron rescatados tres personas en Manta, al tiempo que en Jama un bebé llegaba al mundo.

Esos fueron algunos de los elementos esperanzadores en medio de los duros escenarios que la costa norte de Ecuador muestra al mundo, como el que presenta Portoviejo, una ciudad que es ahora una postal de escombros y polvo de los edificios derrumbados y donde aún quedan víctimas por rescatar.

El daño en el centro de la ciudad se ve en los escombros de extintas construcciones, pero también en el resto de edificios que, parcialmente destruidos y con grandes grietas en su base, amenazan con derrumbarse en cualquier momento.

En materia de atención a los afectados, el Gobierno anunció hoy el envío de 12.000 raciones diarias de comida a la zona del desastre y el establecimiento de un sistema de distribución de agua, alimentos y otros artículos en las Unidades de Policía Comunitaria (UPC).

Mientras se sucede la llegada de equipos de rescate y prosigue la distribución de ayuda humanitaria desde diferentes puntos del país, organizaciones como Unicef advirtieron que el terremoto ha dejado también a unos 88.000 niños sin escuela y que la mitad de los afectados por el sismo son menores de 20 años.

Ecuador también continuó recibiendo muestras de apoyo, como la del secretario de Estado de EE.UU., John Kerry, quien se comunicó con el canciller ecuatoriano, Guillaume Long, para expresarle la solidaridad y el apoyo de su país, mientras que el presidente, Barack Obama, se comunicó con Correa y le aseguró que hará “todo lo posible” para ayudar a la recuperación de Ecuador tras el desastre.

Avanzada la jornada muchos revivieron los duros momentos de la sacudida del sábado cuando una réplica de magnitud 6 en la escala abierta de Richter volvió a sacudir la zona del norte de la costa.

El Instituto Geofísico (IG) de la Escuela Politécnica Nacional informó a Efe de que la réplica, ubicada en la localidad costera de Muisne y a 10 kilómetros de profundidad, fue sentida en Quito, ciudad andina situada a unos 160 kilómetros al este del epicentro, así como en las costeras de Guayaquil y Manta.

Hasta el momento, según el IG, se han registrado 436 réplicas del sismo principal. EFE

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