ESTAMBUL, EFE.-  Los dirigentes más poderosos del planeta no dieron la cara en la primera Cumbre Humanitaria Mundial que la ONU ha celebrado ayer y hoy en Estambul, pero su ausencia no les exime de sus responsabilidades, según recordó hoy el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon.

La canciller alemana, Angela Merkel, fue la única líder del G7, el club de los Estados más industrializado del planeta, que acudió a la cumbre, en la que se dieron cita delegaciones de 173 países.

Entre ellos, 55 eran representados por jefes de Estado o de Gobierno, en su gran mayoría procedentes de África y Asia.

“Es decepcionante que algunos líderes del mundo no hayan podido estar aquí, salvo la canciller alemana, Angela Merkel. Pero espero que se comprometan más en la fase de implementación” de las ideas aprobadas en la cumbre, dijo Ban, con evidente reproche, en la rueda de prensa de clausura de la cumbre.

La reunión, la primera de este tipo a nivel mundial, atrajo a más de 9.000 personas, repartidas en 400 delegaciones, bien estatales, bien de agencias de la ONU, ONG o empresas privadas.

Aparte de un plenario continuo se celebraron siete mesas redondas de altos cargos, quince sesiones especiales y 132 eventos adicionales, y cientos de empresas y ONG, muchas de ellas de tintes islamistas, se dieron cita en una feria de ideas y productos.

Se registraron unas 1.500 propuestas y promesas para hacer más eficiente la asistencia de emergencia, proteger mejor a los trabajadores humanitarios y combinar la ayuda en momentos de crisis con la que se ofrece para un desarrollo a largo plazo, dijo Ban.

Destacó la iniciativa “Grand Bargain” (Gran regateo o Gran negociación) presentada ayer, para ahorrar mil millones de dólares anuales en gastos burocráticos a ONG, agencias estatales y organismos internacionales, aparte de propuestas para ampliar ofertas educativas y lanzar actos cívicos.

La necesidad urgente de fondos y la evidente dificultad de conseguirlos planeaba sobre todos los debates, que a menudo se centraban en reducir costes, dando por hecho que los países donantes difícilmente van a aumentar sus contribuciones.

“En el año 2000, el mundo gastó 20.000 millones de dólares en ayuda de emergencia. Ahora, con la crisis en Siria, con Libia, Sudán del Sur, la República Centroafricana… necesitamos 245.000 millones de dólares anuales para asuntos humanitarios: en quince años la necesidad se ha multiplicado por doce”, concretó Ban.

Pero el objetivo es más modesto que esos 245.000 millones: la ONU pretende movilizar 40.000 millones de dólares para hacer frente a las necesidades más urgentes.

“Naciones Unidas ha decidido hacer saber a los líderes del mundo: si hay voluntad política podemos resolverlo. El dinero que intentamos movilizar es el 1 por ciento del gasto militar anual mundial”, subrayó el secretario general de la ONU.

Un foco principal de la jornada era la protección de los trabajadores humanitarios, a menudo blanco de ataques.

“Se debe cerrar la peligrosa brecha entre el discurso y la práctica” en el respeto a las Convenciones de Ginebra, denunció también el presidente del Comité Internacional de la Cruz Roja, Peter Maurer.

Aparte de abstenerse de matar a civiles, secuestrar a trabajadores humanitarios o bombardear hospitales, hay que intervenir cuando otros cometen este tipo de actos, exigió Maurer, criticando la “salida fácil” de “declarar a todos los civiles daños colaterales”.

“Se ha difundido una idea de que ‘El médico de mi enemigo es mi enemigo’. ¡No! El médico de mi enemigo está haciendo su trabajo”, dijo a su vez Jan Egeland, secretario general de Norwegian Refugees Council (NRC), una de las mayores ONG para refugiados.

También la educación sufre: casi la mitad de los 692 colegios en Gaza, Cisjordania, Líbano y Siria que dependen de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos (UNRWA) han sufrido ataques en los últimos cinco años, denunció el comisario de esta entidad, Pierre Krähenbühl.

En la rueda de prensa de clausura, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, volvió a proponer su proyecto de construir una ciudad para refugiados en el norte de Siria.

“Hemos propuesto establecer una zona libre de terrorismo en el norte de Siria, donde podríamos fundar una ciudad y llevar a ella a los sirios que lo deseen; lo he hablado con el presidente de EEUU y con Merkel, pero todos ven dificultades en el tema de seguridad”, dijo Erdogan.

Citó ejemplos de México y Chipre para asegurar que “algo similar” se podría hacer en Siria, “ya que la ONU podría controlar la seguridad, o incluso la OTAN”, sugirió el presidente turco.

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