SANTO DOMINGO.- El juez de la Suprema Corte de Justicia (SCJ), Francisco Ortega Polanco, al dedicar su obra más reciente a las juezas y jueces de la República, los exhortó a no claudicar en su dignidad personal y profesional.

“Conscientes de que un abuso contra una mujer o un hombre dignos es una injusticia contra toda la humanidad, por tanto, insostenible; pero que, como reza el adagio jurídico Nemo auditur propiam turpidem alegans, nadie puede prevalerse de su propia falta”, indicó.

De otro lado, el juez afirmó que la Ley 107-13 es la norma más importante después de la Constitución, en tanto obliga a la Administración Pública a tutelar efectivamente a la ciudadanía, a motivar sus decisiones, resolver en plazo razonable, con justicia, a indemnizar en caso de lesiones a bienes o derechos a consecuencia de su actividad o inactividad.

Resaltó la importancia de los jueces dignos para la República.

“No importa cuán desvaluada parezca la integridad de las mujeres y hombres, el mundo no puede vivir sin esa integridad”.

El magistrado expuso sus consideraciones durante la puesta en circulación del libro  “Procedimiento Administrativo Comentado (Comentario a la Ley 107-13, sobre derechos de las personas y procedimiento administrativo), del cual es coautor, junto al doctor Ricardo Rivero Ortega, Decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Salamanca, España.

La presentación del libro estuvo a cargo del presidente de la Suprema Corte de Justicia y del Consejo del Poder Judicial, doctor Mariano Germán Mejía y contó con la asistencia del Presidente del Tribunal Constitucional, doctor Milton Ray Guevara, el señor José Luis Corripio Estrada, el juez Víctor Gómez Bergés, el jurista Marino Vinicio Castillo Rodríguez, entre otras personalidades de la República.

No existe Derecho constitucional, dijo el juez Ortega, sin Derecho administrativo, que es su versión aterrizada, concreta, la Constitución para la persona a pie.

En cuanto a su exhortación a los jueces, el juez citó un  texto del autor Brian Sher, que dice:

“La ausencia de la consagración a unos valores o su tergiversación cuando le convenga, socavará todo lo que logre. ¿Qué diferencia marcarán el dinero, el sexo o la fama si no resulta capaz de mirarse y sentir que se es el tipo de persona que se desea ser? El doblegamiento de sus valores determinará que se advierta despreciable, destruirá su confianza y disminuirá su propia estimación. No se venda por nadie ni por cantidad alguna de dinero. Si sus valores son bastante sólidos, ya le llegará el auténtico éxito”.

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