LA HABANA. El secretario de Estado estadounidense John Kerry presidió el viernes la ceremonia de apertura de la Embajada de Estados Unidos en La Habana, como parte del restablecimiento de los lazos diplomáticos entre Estados Unidos y Cuba después de más de 54 años de suspensión.

Estas son algunas de las declaraciones de Kerry:

“Seguimos creyendo que la gente de Cuba estaría mejor en una auténtica democracia, donde las personas sean libres de elegir a sus líderes, expresar sus ideas, practicar su fe”.

“No se necesita un GPS (geo-localizador) para darse cuenta que el camino marcado por el mutuo aislamiento y alejamiento que Estados Unidos y Cuba han estado recorriendo sea el correcto y que ha llegado la hora de movernos en una dirección más prometedora”.

“Durante más de medio siglo, las relaciones entre Estados Unidos y Cuba se suspendieron en medio de la Guerra Fría. Mientras tanto, toda una generación de estadounidenses y cubanos han crecido y han envejecido. Estados Unidos ha tenido 10 presidentes. En una Alemania unida, el recuerdo del muro de Berlín se desvanece. Liberada de la tenaza soviética, Europa Central nuevamente es cuna de prósperas democracias”.

“Todos somos conscientes de que, a pesar de la nueva política del presidente Obama, el embargo comercial de Estados Unidos contra Cuba se mantiene en su lugar y sólo puede ser levantado por orden del Congreso; un paso que favorecemos fuertemente”.

“En ese ambiente gélido, las relaciones diplomáticas entre Washington y esta capital fueron tensas, luego se sometieron a un tira y afloje constante, y finalmente fueron cortadas. A finales de 1960, el embajador de Estados Unidos salió de La Habana. A inicios de enero de ese año, Cuba exigió un enorme recorte de personal de nuestra misión diplomática. El presidente Eisenhower decidió que no tenía más remedio que cerrar la embajada. La mayor parte del personal estadounidense salió pero algunos pocos se quedaron a entregar las llaves a nuestros colegas suizos, que de manera diligente y honrada fueron nuestro protector por más de 50 años, por lo que siempre estaremos agradecidos.

“Entre quienes se quedaron en la embajada había tres marines: Larry Morris, Mike West, y Jim Tracey. Cuando salieron del edificio, se enfrentaron a una enorme multitud que los separaba del asta de la bandera. La tensión era alta. Nadie se sentía seguro. Pero los marines tenían una misión que cumplir. Poco a poco, la multitud se apartó mientras se abrían camino hasta el asta, bajaron la bandera, la doblaron y regresaron al edificio. Larry, Mike y Jim habían hecho su trabajo, pero también hicieron una audaz promesa: que algún día volverían a La Habana a levantar la bandera de nuevo”. AP

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