MADRID, EFE.- Es uno de los cómicos favoritos de Hollywood y, sin embargo, Jack Black asegura sentirse tan marginado en los premios de la Academia como muchos afroamericanos. “Los Óscar también discriminan a los comediantes”, aseguró el actor y productor en una entrevista con Efe.

“En los Óscar hay premios para películas de animación, pero no de humor”, subraya el humorista norteamericano, que pierde su sonrisa cuando reconoce estar “acostumbrado” a que la habilidad de hacer reír a la gente esté desprestigiada en Hollywood.

El encuentro, para promocionar su última película, “Goosebumps”, se produce vía holograma. Black (Santa Mónica, California, EE.UU., 1969) está físicamente en Los Ángeles, pero su imagen tridimensional llega en directo a la sede de Sony en Madrid. Ventajas de la técnica, que atraviesa la frontera cada vez más difusa entre ficción y realidad.

La polémica por la ausencia de actores de raza negra en las nominaciones a los Óscar y el consiguiente boicot encabezado por Spike Lee o Will Smith colea aún, y Black aprovecha para reivindicar el reconocimiento como actores de los cómicos.

En su carrera destacan títulos como “High Fidelity”, “Shallow Hal”, “Tropic Thunder”, “Nacho Libre” o “Kung Fu Panda”. Con “School of Rock” y “Bernie” logró ser nominado a los Globos de Oro, donde sí existe una categoría específica de comedia.

“Goosebumps”, basada en los libros de terror juvenil del mismo título, se estrena hoy en España tras haber sido un éxito en taquilla en Estados Unidos, donde superó en su debut a películas como “The Martian”, de Ridley Scott, o “Bridge of Spies”, de Steven Spielberg.

En esta película familiar, Jack Black da vida a R.L. Stine, el creador de la saga “Goosebumps”, que vive una aventura de miedo con su hija Hannah (Odeya Rush) y los amigos de esta, Zach Cooper (Dylan Minette) y Champ (Ryan Lee), cuando los monstruos de sus libros escapan y atemorizan la ciudad.

Dice que ha añadido un toque “más oscuro” a su personaje, porque en la realidad Stine “es un encanto”, al contrario que el villano de la cinta, la marioneta viviente Slappy, a la que también da vida él mismo y que, confiesa, es su personaje favorito.

“Hacer de Slappy fue especial, todo un gozo. Es pura maldad, un verdadero villano, nunca había hecho un personaje como ese”, ha declarado.

Preguntado por quién le asusta más, si Slappy o Donald Trump, magnate inmobiliario y precandidato republicano a las elecciones de su país, Black sostiene que le da más miedo la marioneta y que con Trump se iría “de fiesta a la Mansión Playboy, porque parece que sabe montárselas”.

Un poco más serio, ruega a sus compatriotas: “Es tonto, no le hagan presidente”.

Con quien sí se lleva a las mil maravillas el actor es con Rob Letterman, director de la cinta, con el que también coincidió en “Gulliver’s Travels”, así como con sus jóvenes compañeros de reparto, todos ellos adolescentes.

“Lo pasamos muy bien juntos haciendo cada escena, con todo ese vestuario y maquillaje encima, y los efectos especiales fueron increíbles”, asegura Black.

Para el intérprete de 46 años, el “giro inesperado” de su vida fue empezar su propia banda de rock y “meterse de lleno en la música”, lo cual ayudó a que, justo cuando tenía más dudas sobre si la interpretación era lo suyo, su carrera como actor floreciera. EFE

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