Giselda Liberato
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Por Giselda Liberato

El presidente de Estados Unidos Barack Obama, acaba de nominar un nuevo embajador para Haití, Peter F. Mulrean, un diplomático de carrera y un hombre “experimentado y comprometido” a juicio del propio presidente. Mulrean, llegará a la isla con la agenda de Washington la cual trata de incidir determinantemente en la democratización de Haití; dicho sin ningún tapujo por el mismo Obama. La institucionalidad y la legitimidad del proceso político haitiano sigue siendo un dolor de cabeza para los norteamericanos. El fracaso relativo de la incipiente democracia de Haití se manifiesta como un punto débil en la política exterior de EUA, Francia y Canadá y las elecciones como alternabilidad del poder han sido, en los últimos tiempos, tras el derribo de las dictaduras en el hemisferio, un indicador para el sistema democrático made in usa.

El nuevo embajador norteamericano en Haití trae a la isla experiencia de haber trabajado en la oficina de democracia y derechos humanos del Departamento de Estado, los aprendizajes que le dio el cargo de subjefe de la misión de Estados Unidos ante la ONU en Ginebra y las lecciones de haber trabajado en las embajadas estadounidenses en Afganistán y Túnez; a eso se suma el haber pasado por la misión del país norteamericano ante la Unión Europea (UE) en Bruselas.

Con la designación de un diplomático con experiencia basta en democracia y derechos humanos,el Presidente de USA deja entrever la nueva estrategia norteamericana de cara a las prioridades haitianas de actualizar el sistema político y electoral. El fundamento de la decisión bien puede ser la intención de incidir, en la agilización de tan retardado proceso democrático en que está atrapada Haití desde hace décadas; y esta designación se hace en un contexto insular en que del lado haitiano se han dado serias divergencias debido al retraso de un proceso electoral pendiente, que ha generado controversias entre el Ejecutivo y el Parlamento.

Desde la óptica del contexto insular, otro hecho que tendrá en su agenda el diplomático recién designado, es lo relativo al fracaso haitiano del llamado Programa de Identificación de Inmigrantes de Haití (PIDIH) que ejecuta su país para documentar a sus ciudadanos radicados en la República Dominicana. Tomando en consideración que eso repercute en la República Dominicana, pues como parte del contexto insular, dentro de unos meses se estaría desplegando un proceso de repatriación de ciudadanos haitianos que viven en estado de indocumentación e irregularidad migratoria en el país, y para los cuales se abrió un proceso de regulación a través de la implementación del –PNRE- Plan Nacional de Documentación de Extranjeros.

Hacerse representar por un experto en “democracia y derechos humanos” parecería estar relacionado con el paso rezagado de una democracia haitiana que camina a paso de tortuga en un contexto de pobreza extrema. La designación podría estar relacionada también con el anunciado proceso de expulsión de haitianos irregulares desde República Dominicana; el cual, al parecer, se va a dar sin haber acordado un protocolo binacional que pudiera evitar los desagradables escenarios propios de estos procesos que, por lo general, propician inaceptables violaciones de derechos.

Mientras eso pasa en Washington, aquí en el país bajo el decreto 114-15, el presidente Danilo Medina designa al mayor general Rubén Paulino Sem como director general de Migración, quien al referirse a sus nuevas funciones invocó una frase del general estadounidense George Patton: “Estamos dispuestos a cumplir el reto para disfrutar el valor de la victoria¨. Ojala la victoria a la que se refiere el militar designado en la DGM, no sea exhibir las inconductas que imposibilitaron un mejor reconocimiento en la historia América, a la valentía de este citado militar americano, quien lucía en ocasiones rasgos racistas, al desestimar la capacidad de combate de los soldados afroamericanos que tuvo bajo su mando.

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