Fast-and-the-furious-6

La sexta entrega de la saga mantiene el tipo en términos de espectacularidad adrenalítica, pero propone un guion verdaderamente horroroso, que demuestra que la secuela empieza a estar pasada de sí misma. A ver por dónde siguen.

Dom (Vin Diesel), Brian (Paul Walker), Mia (Jordana Brewster) y Elena (Elsa Pataky) viven tranquilamente en las islas Canarias, España, un país sin tratado de extradición. Y de pronto reaparece Hobbs (Dwayne Johnson), con un encargo y una sorprendente noticia. “Fast & furious 6”(ver tráiler) confirmará seguramente en taquilla un fenómeno inaudito en el cine moderno: una saga totalmente comercial que se encuentra en mejor forma en su sexta entrega que en la primera. Tremendo. Y meritorio, sin duda, aunque baja el nivel del capítulo anterior, ese que cambió el rumbo de la secuela de manera definitiva. Pero vamos, es más de lo mismo y es entretenida, aunque la suspensión de credibilidad empieza a pesar demasiado en la columna vertebral del serial.

Paul Walker y Vin Diesel en Fast & furious 6

«Ahora estamos en un nivel superior». Carreras de todo tipo de vehículos, no ya sólo de coches; gente guapísima viviendo a tope, marcando estilo al margen de la ley ─a estos no les para ni la OTAN─ y gastando dinero a cantaros; techno, hip hop, planos de traseros, chicas apretadas, hombres fortachibes… pues eso, más de lo mismo.

Secuencias de acción desenfrenada que se superan o mejoran respecto de lo visto anteriormente. Hasta aquí, todo bien, salvando una edición irregular. Pero parece que el guion lo ha esbozado un niño en un babero y Chris Morgan lo ha encontrado y se ha atribuido el mérito; no es necesaria una gran historia, pero hace falta algo que contar, y la justificación de la piedra angular de todo ─el retorno de Michelle Rodriguez─ es no ya para ingenuos. Parece que los chicos rápidos y furiosos empiezan a estar pasados de sí mismos y abrazan el todo vale.

Dwayne Johnson y Gina Carano en Fast & furious 6

Por lo demás, entre fuegos artificiales, frases lapidarias y piruetas súper heroicas a granel, se cuela cada vez más un humor que universaliza el comiquero culebrón, sin violencias excesivas y con una potenciación de la sensación de familia de la camarilla protagonista que se beneficia indudablemente de la buena química que destila el reparto. Y en consecuencia, todo gira sobre sí mismo para interconectar cada episodio y cerrar un arco argumental que encaja el presente con el pasado de cara a un futuro que se anticipa tan inmediato como rocambolesco. Unos van, otros vienen, otros (casi) siempre han estado aquí. Quien decide es el espectador, siempre sabio, siempre dispuesto a dar nuevas oportunidades o negar continuidades.

 

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