Julio Martínez Pozo
Julio Martínez Pozo
Por: Julio Martínez Pozo

El 2016 habrá de referirse como el año de tres sorpresas electorales que han dejado desconcertados a los interesados por el acontecer internacional, y que han hecho colapsar los que se tenían como certeros pronósticos de encuestas, predictores y analistas de prestigio: triunfos del Brexit en el Reino Unido, del No en Colombia y de Donald J Trump en los Estados Unidos.

En los tres casos se ha derrotado la preferencia de la comunidad internacional y el electorado se ha guiado de su propia realidad y reservó parte de su intención para expresarla en el momento del voto.

De los tres casos, el de mayor incidencia es la apabullante victoria en el voto electoral alcanzada por Trump, que sin duda alguna dejará muchas interrogantes: ¿Ganó el magnate o perdió Hillary Clinton? ¿Influyó más su discurso de ideas básicas sin envolturas conceptuales, que el hastío frente a dos períodos de gestiones demócratas? ¿Se gana una elección en esas circunstancias sin encarnar el cambio?

¿No es necesario un ejército de tierra, ni una estructura poderosa, ni el apoyo de las figuras principales de un partido para ganar una elección? ¿Perdió Donald Trump realmente algún debate frente a los sectores a los que estaba dirigido su mensaje? ¿Repercutirá esa elección en el modo de hacer política en el mundo? ¿El aguerrido hombre de la campaña que seguía adelante hasta en momentos en que parecía colapsar, será el mismo que se instalará en la Casa Blanca?

¿Será peor o mejor gobernante para la relación de Estados Unidos con América Latina?

¿Los dominicanos que por tradición que nada tiene que ver con sus intereses reales, se identifican con las opciones demócratas, tienen motivos para descorazonarse?

Empiezo por lo último y digo que no, si bien algunos pensábamos que por su experiencia de Estado Hillary pudiera tener mejor desempeño para el ejercicio de la presidencia de los Estados Unidos, pero estábamos legítimamente preocupados por la posición que ella hubiese podido adoptar frente al principal problema de la República Dominicana: la presión migratoria haitiana.

Algunos de los financieros de la costosísima campaña electoral que ella realizó son los mismos auspiciadores de las ONG que han pretendido arrodillar al Estado dominicano para la creación de una minoría étnica que pudiera ser determinante en los procesos del país.

Es paradójico que Donald Trump de haya convertido en presidente electo alcanzando menos votos que los dos candidatos republicanos que les antecedieron y que, sin embargo, fueron perdedores: John McCain que obtuvo 59,9 millones en 2008; y Mitt Romney 60,9 millones en 2012; Trump 59,3 millones en 2016.

En las encuestas el 70% de las mujeres se confesaban muy ofendidas con trato y palabras de Trump, pero cuando se dirigieron a las unas, se guardaron ciertos reproches y apenas un 53% favoreció a Hillary y un 42% a Trump, es decir que muchas de las maltratadas lo prefirieron a él.

En su momento las mujeres fueron entusiastas con Barak Obama, por el que sufragaron un 55%.

Los hispanos se portaron mejor con Hillary, pero tampoco mejor que con Obama, un 65% votó por ella, y un 29 por Donald Trump. Por Obama lo hizo un 71%.

Los negros no se aterrorizaron con la “amenaza” que les representaba Trump, parece que reflexionaron aquella repuesta que el magnate dio a Hillary, diciendo que los afroestadounidenses vivían en la pobreza, sin empleos y expuestos a ser tiroteados, que nada sería peor.

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