MÉXICO.- Cámaras de circuito cerrado, sensores de movimiento y un sinfín de medidas de seguridad convierten al penal Altiplano I en una cárcel de la que parece imposible escapar, salvo para el capo del narcotráfico mexicano Joaquín Guzmán, que se fugó este fin de semana en una operación de película.

Según información de las instituciones de seguridad del Gobierno, la prisión “tiene una capacidad instalada para recluir a 724 internos” y “ocupa una extensión aproximada de 260.000 metros cuadrados, de los cuales 27.900 componen las instalaciones de la prisión”.

“El resto se utiliza como área de seguridad, y para las instalaciones diversas como son el centro de apoyo a la seguridad y guarda, rondín perimetral, sala de espera y estacionamientos”, agrega un informe sobre las cárceles del país que es de público acceso.

El nombre completo del penal es Centro de Readaptación Social Número 1 Altiplano. La cárcel está ubicada en el Estado de México, a 25 kilómetros de Toluca, la capital estatal, y a unos 90 de Ciudad de México.

La penitenciaría cuenta con ocho dormitorios, comedores, aulas, instalaciones deportivas y de esparcimiento, áreas para visita íntima, familiar y de abogados, salas para juzgados, cocina general, lavandería, talleres, servicios médicos e instalaciones electromecánicas “para brindar todos los servicios generales para su operación”.

Su nivel de seguridad “es máximo y existen sistemas y equipos electromecánicos y electrónicos como circuito cerrado de televisión, control de accesos, alarmas, detectores de metal, drogas y explosivos, radiocomunicación, voz y datos, sensores de presencia, y telefonía”, entre otros, agrega el informe.

Joaquín “El Chapo” Guzmán, líder del cártel de Sinaloa y que había ingresado al centro penitenciario en febrero de 2014, fue visto por última vez a las 20.52 hora local del sábado (01.52 GMT del domingo) en la zona de regaderas (duchas).

En una comparecencia de prensa, el titular de la Comisión Nacional de Seguridad, Monte Alejandro Rubido, señaló este domingo que en ese espacio se encontró “un hueco de 50 por 50 centímetros y 1,5 metros de profundidad que comunicaba con un conducto vertical”, y este a su vez con un túnel.

Al ver que el tiempo se prolongaba y Guzmán no salía, los custodios entraron y descubrieron el agujero que desembocaba en el conducto vertical de unos 10 metros de profundidad “habilitado con una escalera”.

Este conducto comunicaba a su vez con “un túnel que se extiende por una longitud indeterminada pero que en línea recta representa más de 1.500 metros”, indicó Rubido.

El túnel, señaló el funcionario, “cuenta con tubería de pvc para ventilación, alumbrado y una motocicleta adaptada sobre rieles como mecanismo de extracción” que al parecer fue usada para sacar la tierra.

A lo largo del túnel se encontraron “instrumentos de construcción, tanques de oxígeno, recipientes con combustible”, maderas y tuberías.

“El pasaje desemboca en un inmueble que se encuentra en obra negra al suroeste del centro federal (la prisión) en la colonia (barrio) Santa Juanita”, detalló.

En la casa fueron hallados “mobiliario, enseres y otros objetos que indican que había presencia de trabajadores o veladores”.

Es la segunda vez que se escapa de una cárcel de máxima seguridad después de huir de la de Puente Grande, en la ciudad de Guadalajara (oeste de México) en enero de 2001.

Al final de su comparecencia de prensa, Rubido salió raudo de la sala mientras una periodista le reclamaba en voz alta que explicara cómo era posible que Guzmán se hubiera escapado nuevamente.

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