El papa Francisco mantuvo este lunes una reunión privada con el jefe de Estado de Ecuador, Rafael Correa, en el palacio de Carondelet, sede del Ejecutivo, hasta donde se trasladó a su llegada de Guayaquil, en el suroeste del país.

Tras bajar del modesto automóvil en el que llegó a Quito desde el aeropuerto y ser recibido por Correa, el sumo pontífice se acercó a uno de los balcones del palacio de Carondelet, desde donde saludó y bendijo a los fieles que lo vitoreaban desde la Plaza de la Independencia.

Las cámaras ofrecieron imágenes del ingreso del papa a la casa de Gobierno acompañado, entre otros, de su anfitrión, quien le enseñaba las decoraciones hechas con flores en honor a la visita, mientras músicos y cantantes interpretaban una melodía que le daba la bienvenida.

Inmediatamente, el papa y Correa mantuvieron una reunión a puerta cerrada durante la visita de cortesía de Francisco, mientras en los exteriores de Carondelet los ciudadanos quedaron en la Plaza de la Independencia a la espera de la salida del sumo pontífice.

Durante el encuentro, que duró unos 35 minutos, el papa regaló a Correa un mosaico de la Virgen con el Niño, una reproducción, elaborada en la fábrica de mosaicos del Vaticano, de la imagen venerada en la Capilla del Santísimo Sacramento en la Basílica de San Pablo extramuros.

Finalizada la reunión, el Papa y Correa se asomaron de nuevo al balcón y saludaron a los fieles y seguidores reunidos en la plaza y después, Francisco dedicó unos minutos a saludar a los miembros del gabinete de ministros, a religiosas y a empleados del palacio.

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