Nueva York. El papa Francisco elogió ayer a los obispos estadounidenses por su “compromiso generoso” de ayudar a las víctimas de abusos sexuales por el clero, lo que provocó una airada respuesta de las organizaciones de ayuda, las que dijeron que los prelados solo actuaron cuando se vieron amenazados por cientos de demandas judiciales.

En su discurso a los obispos en la catedral de Washington, Francisco dijo que enfrentaron la crisis “sin miedo a la autocrítica y a costa de mortificación y un gran sacrificio”.

“Comprendo cuánto pesa sobre ustedes el dolor de los años recientes y he apoyado su generoso compromiso para sanar a las víctimas —con la certeza de que al sanar, nosotros mismos somos sanados— y para asegurar que esos crímenes jamás se repetirán”, dijo el papa, quien recibió un fuerte aplauso de los obispos.

Pero la Red de Sobrevivientes de los Abusados por Sacerdotes (SNAP por sus siglas en inglés) dijo que los obispos hicieron gala de “cobardía e indiferencia” hacia las víctimas que se presentaron y que “se ocultan detrás de abogados caros y profesionales de relaciones públicas” en lugar de afrontar la magnitud del problema en la iglesia.

Anne Barrett Doyle, codirectora de BishopAccountability.org, una organización que recopila informes sobre curas abusivos de todo el mundo, calificó las declaraciones del papa de “lamentables y muy alejadas de la realidad”.

La crisis estalló en 2002 con el caso de un cura pedófilo de la arquidiócesis de Boston y se extendió a todo el país. Las revelaciones en Boston de que sacerdotes culpables seguían ejerciendo el ministerio sin ser denunciados a los padres o a la policía convenció a miles de personas a presentar sus denuncias.

Esto dio lugar a investigaciones judiciales en varios estados y obligó a los obispos a tomar nota de qué habían hecho las diócesis en cada caso, remontándose a décadas atrás.

Bajo una enorme presión de la opinión pública, la Conferencia de Obispos Católicos se comprometió a expulsar a los clérigos culpables del trabajo eclesiástico e incluso del sacerdocio, y los obispos aceptaron indemnizaciones multimillonarias a las víctimas.

Las diócesis instituyeron verificaciones de antecedentes y capacitaron a sacerdotes y trabajadores para identificar la conducta abusiva, así como crear salvaguardas para los niños.

Con todo, el escándalo persiste. En 2011, un jurado acusó a la arquidiócesis de Filadelfia, entonces presidida por el cardenal Justin Rigali, de mantener en las parroquias a unas tres decenas de curas abusivos. El sucesor de Rigali, arzobispo Charles Daput, se ha esforzado por restaurar la confianza en la arquidiócesis, que Francisco visitará el próximo fin de semana.

Otras tres diócesis, Gallup, Nuevo México; Milwaukee, y St. Paul y Minneapolis se declararon en bancarrota en la corte en un intento por limitar las indemnizaciones a víctimas.

La arquidiócesis de St. Paul y Minneapolis está bajo proceso acusada de no proteger a niños de su obispo, actualmente convicto, John Nienstedt, y uno de sus obispos auxiliares renunció este año.

Francisco anunció en junio planes de crear un tribunal que conociera los casos de obispos que fallaron en su manejo de denuncias de abuso sexual pero no hay señales de que se forme pronto.

Aunque el tribunal significará la medida de mayor importancia para llamar a cuenta a los obispos que encubrieron los abusos, Francisco tiene antecedentes de no poner demasiada atención a ese problema.

Alguna vez se quejó de que la Iglesia católica había sido acusada injustamente y defendió las medidas que ha tomado para atender el tema, lo que llevó a las víctimas a preguntarse si realmente había entendido el problema

Sus comentarios del miércoles reafirmaron esa impresión, en especial porque en la gira del papa Benedicto XVI a Estados Unidos ese tema predominó y uno de los momentos más destacados fue la reunión del pontífice con las víctimas.

Se prevé que Francisco también se reunirá con víctimas, aunque funcionarios de la iglesia han dicho que una reunión de esa índole sólo se dará a conocer una vez que se haya llevado a cabo. AP

 

Deja un comentario