FILADELFIA.  El papa Francisco pidió a cientos de miles de fieles que se reunieron el domingo para el evento principal de su visita a Estados Unidos que estuvieran abiertos a los “milagros del amor”, y cerró su gira de seis días con un mensaje de esperanza para las familias, de consuelo para las víctimas de abuso sexual infantil y con una advertencia para los obispos del país.

El extenso boulevard Benjamin Franklin se abarrotó de visitantes jubilosos, que hicieron fila durante horas y soportaron operativos de seguridad estilo aeroportuarios para ver al primer papa de origen americano oficiando misa al aire libre en el lugar donde nacieron los Estados Unidos.

La misa, el último gran evento en la agenda del pontífice antes de que volara de regreso a Roma, fue un vibrante cuadro de dorado, verde, blanco y morado bañado por el sol del atardecer otoñal.

Recorriendo las calles en el papamóvil, Francisco saludó a una multitud que aplaudió, gritó, cantó y ondeó banderas. Además besó bebés y llegó hasta el altar al pie de las escaleras que llevan al Museo de Arte de Filadelfia.

Con un enorme crucifijo dorado a sus espaldas, Francisco dijo a la congregación que su sola presencia era “una especie de milagro en el mundo de hoy”, una reafirmación de la familia y el poder del amor.

“Ojalá cada uno de nosotros se abriera a los milagros del amor para el bien de todas las familias del mundo”, dijo a la callada multitud reunida en la calle.

Personas a kilómetro y medio de distancia guardaron silencio durante la comunión. Algunos se arrodillaron sobre el pavimento en la Alcaldía, a unas cuadras del altar. AP

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