Por: Benito Enrique Montás.-     

Otra división, un nuevo sismo, un escarceo más, un chivo expiatorio.

Eso significaría la expulsión del presidente del Partido Revolucionario Dominicano, Miguel Vargas Maldonado, dentro del dolor por la usurpación del triunfo, con los impuestos que todos pagamos, llevados por la ira, la cual no es buena consejera, provocaría más daño que bien al partido de Peña, lo sensato es detenerse, dejar pasar unos días y pensar con sobriedad.

Miguel Vargas Maldonado no es el culpable de que hoy el presidente Hipólito Mejía no se encamine hacia el palacio nacional, como era el sentir del pueblo dominicano al cual se le arrancó de las manos, por la miseria, sus anhelos de cambio.

Considerar que el presidente del partido blanco es el responsable de esta desafortunada situación sería darle un carácter político y una dimensión nacional que él no tiene, ni ha podido lograr a pesar del dinero invertido en intentarlo, todo por su falta de carisma, carisma que le sobra a Hipólito Mejía.

Si bien Miguel no actuó a la altura de las circunstancias y además se cruzó de brazos en el momento en el que se le necesitó, también es cierto que una expulsión no remediaría nada, por el contrario ahondaría las diferencias y sellaría la división interna nuevamente en el PRD.

Lo que el momento pide es la necesidad de sentarse y conversar, que los actores decidan entender su rol, Hipólito Mejía es el líder de la oposición y el líder del Partido Revolucionario Dominicano, como a la salida del proceso del 2008 lo fue el Ing. Miguel Vargas.

Tomando las propias palabras del hoy presidente del partido, el candidato presidencial debe a la vez, ser el presidente del partido. Hoy ese rol le toca al presidente Mejía.

Miguel Vargas es necesario dentro del PRD, más no es imprescindible, y sin embargo su estancia dentro del partido sin entender su nuevo rol sería catastrófico para el futuro de un PRD sano que necesita recomponerse rápido y encaminarse desde ayer en un proceso de estudio hacia el futuro.

Si él no lo entendió en su momento se lo decimos, Miguel usted eliminó todo respeto político por su persona al cruzarse de brazos siendo el presidente del partido, lo que nunca ha hecho Leonel Fernández en el PLD, por ser un político inteligente. Tampoco lo hizo Danilo Medina en su momento, su equipo completo sin excepciones apoyó al presidente Fernández en el 2008.

El problema planteado por su desidia ha sido la pérdida de su base política, lo que le impide ostentar la posición que hoy tiene dentro del PRD, debería renunciar a la presidencia del partido, poner ese cargo a disposición de las bases y permitir que una nueva dirección le coloque en un lugar correspondiente a los años de trabajo y servicio al partido, los cuales no pueden ser olvidados por los odios y los rencores que hoy existen.

En el año 2004 expulsaron al presidente del partido, Hatuey de Camps, hoy el cacique está nuevamente unido a las filas del glorioso partido que en su momento dirigió, sin embargo, en el tránsito se cuentan tres derrotas electorales, la falta de unidad, la búsqueda de un chivo expiatorio para no ejecutar los cambios necesarios dentro del partido hicieron esto.

Entonces no cometan el mismo error otra vez, expulsar a Miguel no resolverá sus amarguras, miedos y tristezas, en un futuro las hará más profundas, el gran líder el Dr. José Francisco Peña Gómez decía que hay que mirar más allá de la curva, entonces, no se quede mirando hasta la esquina, doble y vea lo que eso traerá.

Días antes de su muerte, Peña perdonó a sus detractores, a aquellos que lo adversaron tan ácidamente, y se engrandeció por su magnanimidad, hoy el liderazgo perredeista debe pensar en emular tan heroica demostración de desprendimiento.

De igual manera el Ing. Miguel Vargas Maldonado debe entender cual es su nuevo rol, enlistarse como un soldado del perredeismo y trabajar por consolidar nuevamente su espacio desde la lealtad partidaria y acatando las decisiones de la mayoría como el demócrata que creemos que es, y  por el bien del partido que el 8 de mayo del 2011 dijo amar, demostrar  su amor por el PRD colocando su cargo a disposición de las bases y evitarle así otra división al partido que dice amar.

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