La democratización del crédito y de las compras públicas sacó de la ruina a la fábrica de zapatos y mochilas de los hermanos Vásquez enclavada en el barrio Simón Bolívar de la capital. Banca Solidaria prestó y el Ministerio de Educación compró.

A la vera de una cañada del pobrísimo barrio capitalino y en la casa materna iniciaron fabricando cinturones. De ahí el nombre de la empresa: Cinturones Vásquez.

Desmontaban las habitaciones de dormir en las mañanas para “instalar” la fábrica y en las noches “reinstalaban” los colchones para descansar.

Escaseó la solidaridad de la sociedad y de sus gobiernos. Desamparados, no pudieron ir muy lejos ni por mucho tiempo. Los usureros se encargaron de mandarlos directo a la ruina con tasas de interés propias “del mercado barrial informal” de 10 y 20% mensual.

Derrotados, no se rindieron. Tercos, conservaron la ilusión como pudieron. Con dignidad. Con esa dignidad del pobre de la que poco se habla. Haciendo cinturoncitos, correítas, entre los hermanos.

Llegó Danilo con políticas democratizadoras. Banca Solidaria se interesó en ellos. Prestó 1.5 millones de pesos. Ganaron licitaciones del Ministerio de Educación para confeccionar 26,000 mochilas.

Y ahí están los hermanos Vásquez. Con su fábrica pujante. Dando 60 empleos en un barrio estigmatizado injustamente a causa de la pobreza de su gente. (No piden papel de buena conducta para contratar empleados).

La nómina es de 1 millón de pesos mensuales, dinero que circula en el barrio y provee SEGURIDAD a estas familias trabajadoras. Alimentación SEGURA, cuidado de su salud ASEGURADO, educación de sus hijos SEGURA y por supuesto, empleo SEGURO.

Democratizar el crédito y las compras públicas PROTEGE a muchas empresas de la muerte y ASEGURA bienestar a las familias trabajadoras.

Así también construimos Patria segura, protegiendo la VIDA de las empresas y la SEGURIDAD de los empleos.

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