¿Que la comida vegetariana es insípida? Eso no tiene por qué ser cierto.

Si a muchos dominicanos se les hace difícil asimilarla se debe a que la oferta vegetariana del país se basó por largo tiempo en la tradición de culturas que obvian condimentos típicos de la culinaria criolla como el ajo, la cebolla y el ají.

Así lo explica Irie Lion, cocinero del restaurante vegetariano Kalenda.

El prejuicio obedece también a que la población tiene el paladar distorsionado por el uso y abuso de químicos y sabores artificiales.

“Dicen que la comida vegetariana no tiene sabor, pero no es que no tiene sabor, es que las personas necesitan esa sobrecondimentación de elementos artificiales”, expresa.

Otro problema, según la chilena Amaranta Báez, propietaria del restaurante, radica en el desconocimiento de los principios que rigen la cocina vegetariana.

“Pero no sólo es el dominicano, sino que en Latinoamérica en general estamos atrasados en el tema”, señala Báez, quien refuta la creencia de que una dieta basada únicamente en vegetales y frutas genera deficiencias de proteínas.

No obstante, asegura que el panorama ha ido cambiando y “cada día más vemos que la gente se está interesando en la comida vegetariana”.

Además de los vegetarianos, los restaurantes de este tipo cuentan entre su clientela con personas a dieta, que padecen condiciones de salud especiales o que gustan de probar nuevos sabores.

Costo
Sin importar la intención, quienes quieren asumir una alimentación basada en productos naturales de la tierra no encuentran suficientes opciones. Algunos se quejan, asimismo, de los precios.

Al respecto, Joel Contreras, propietario del bar de jugos COrgánico, que funciona en el mismo local de Kalenda, dice que el costo de la comida vegetariana es relativo, sobre todo si se toman en cuenta sus beneficios.

“Doscientos pesos es el precio regular de un plato en cualquier restaurante, donde te sirven comida con ingredientes de procedencia dudosa y con una orientación no hacia beneficiarte, sino hacia saciar tu hambre”, explica.

A juicio de Báez, entretanto, la verdadera pregunta no es por qué la comida vegetariana cuesta más, sino por qué la comida chatarra cuesta poco.

Salud
Contreras señala que la industria alimenticia invierte millones en promover productos que, a la larga, enferman a la población.

Por eso el restaurante promueve su oferta -que se ubica en el rango del veganismo, ya que prescinde de lácteos y huevos- con el lema “Comida sin maldad”.

De acuerdo con Contreras, cada ser humano está llamado a ser su propio médico “y se empieza por reconocer el daño que te produce aquello que te ofrece” gran parte de la industria alimentaria.

Para Irie, por ejemplo, no hay forma de comparar un servicio que incluya un cereal, vegetales salteados o al vapor, ensalada, un trozo de casabe o de tortilla de batata, aguacate, una sopa de legumbres y una infusión, con un plato de pollo frito y tostones con kétchup.

La diferencia -asevera- se percibe en los colores y aromas, se siente en las texturas y los sabores y se extiende mucho más allá: a los efectos del alimento sobre el organismo.

Multicultural
Tanto por la ubicación como por el concepto, el restaurante ofrece recetas variadas. El público no lo componen solamente residentes de la zona y amantes de la cocina vegetariana; también turistas que visitan la Ciudad Colonial.

Por otro lado, la disponibilidad de ingredientes, en especial de los cultivos orgánicos, varía obligando al cocinero a poner a prueba su creatividad y reinventarse cada día.

En un menú es posible encontrar desde arroz y pasteles en hojas rellenos de vegetales, hasta sushi, rollos primavera, quipes, tacos y pizza. Lo que no encontrarás, por supuesto, es carne.

Deja un comentario