FILADELFIA, EFE.- Serena, discreta y fiel, Chelsea Clinton tenía solo dos años cuando hizo campaña por primera vez con su padre Bill para la gobernación de Arkansas, un tierno respaldo que ha mantenido durante su adolescencia y edad adulta hasta convertirse en un pilar clave para su madre, Hillary.

Ya en 2008 presentó a su progenitora como una “heroína” en la convención demócrata de la que salió elegido como candidato presidencial el entonces joven senador Barack Obama.

Hoy Chelsea volverá a subir a los escenarios de la mano de su madre, a quien ayudó para que se convirtiera en el 2000 en la primera mujer senadora por Nueva York y a quien considera “la persona mejor preparada” para la Presidencia de Estados Unidos, según ha dicho durante esta campaña.

Nacida el 27 de febrero de 1980 en Little Rock, Arkansas, Chelsea ha sido desde el principio de su existencia lo más importante para sus atareados padres y muchos han querido ver en la única hija de losClinton a una futura presidenta, aunque Chelsea prefiere el trabajo humanitario de la fundación familiar.

“La primera vez que alguien me preguntó sobre una carrera política creo que tenía tres años. Mi padre se presentaba a la reelección como gobernador de Arkansas, estábamos en un evento de campaña y una mujer me preguntó si quería ser la gobernadora de Arkansas un día. Creo que le dije, señora, tengo tres años”, cuenta.

De esta forma, en una reciente entrevista en The Ellen Show, Chelsea defendió que “hay muchas formas de servir” al país, al mismo tiempo que, como siempre, evitó salir de su usual segundo plano.

En 2011 Chelsea empezó a desempeñar un papel importante en la fundación, creada en 1997 y que en 2013 cambió el nombre de Fundación Clinton a Fundación de Bill, Hillary y Chelsea Clinton, en donde la hija presidencial ha emprendido numerosas iniciativas para mejorar la vida de las mujeres en diferentes partes del mundo.

Con un doctorado en relaciones internacionales de la británica Universidad de Oxford, Chelsea Clinton vive en Nueva York, está casada con Marc Mezvinsky, su amigo de la adolescencia e inversor financiero, y tienen dos hijos: Charlotte nacida en septiembre de 2014 y Aidan Clinton, que tiene poco más de un mes.

Chelsea ahora se mueve ante el público con la gracia de una mariposa y luce una larga melena de pelo rubio liso que ha sustituido a la alborotada cabellera rizada que lució en sus años en la Casa Blanca, a donde llegó con casi 13 años y en compañía del gato “Socks” (calcetines), el felino más famoso de EE.UU..

No siempre fue fácil ser una adolescente en la Casa Blanca, pero sin duda uno de los momentos más duros llegó en 1998, cuando acababa de ingresar en la Universidad de Stanford y se destapó que su padre había mantenido un romance con la becaria Monica Lewinsky.

Un día después de que Bill Clinton admitiera en televisión haber tenido una “relación no apropiada” con Lewinsky, Chelsea corrió al auxilio de sus padres y se tomó con ellos unas fotos que todavía permanecen grabadas en la mente de muchos estadounidenses.

En las imágenes, se ve al matrimonio paseando por los jardines de la Casa Blanca y a Chelsea, en el medio, agarrando las manos de sus padres y manteniéndoles juntos, literal y figuradamente.

El asunto Lewinsky nunca dejó a la familia Clinton y, en 2008, Chelsea tuvo que enfrentar numerosas preguntas cuando hacía campaña para su madre en diferentes universidades del país.

En un principio, Chelsea respondió de forma abrupta pero después encontró su voz y supo despejar el asunto con gracia y elegancia, poniendo en práctica las enseñanzas de sus padres.

Y es que, cuando Bill se preparaba para competir de nuevo por la gobernación de Arkansas, Chelsea con solo seis años y sentada en la mesa de la cocina de casa participó con sus padres en unos debates ficticios y destinados a que la pequeña entendiera que siempre habría gente que diría cosas crueles de las personas a las que ama.

Según el libro de Hillary “It Takes a Village”, publicado en 1996, la pequeña “ganó poco a poco dominio de sus emociones”.

Descrita como un “guía espiritual” por su personalidad pausada y trabajadora, Chelsea Clinton ha jugado en esta campaña presidencial un papel fundamental para endulzar la imagen de su madre, que ha conseguido sacar su lado humano y retratarse como una “abuelita” gracias a sus dos pequeños nietos.

Pero, si su madre gana, Chelsea no quiere saber nada de la Casa Blanca aunque sabe que su destino ya está unido a ese edificio.

“Mi vida seguirá en Nueva York”, ha avisado Chelsea en varias ocasiones durante esta campaña, la última de un largo número que alcanzará hoy uno de sus momentos cúspides cuando la joven, inmersa en su papel de perfecta hija política, subirá al escenario para defender a su madre como la próxima presidenta de EE.UU.. EFE

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