La historia que traemos hoy pasaría por cualquiera de esas, de abuelas y madres liberadas por una estancia para hijos y nietos, de no ser por una mata de marañón, bajo cuya sombra algo sucedió y que el marañón, pocos lo sabrán, es nuestro cajuil.

Sí, cajuil es para nosotros los dominicanos ese fruto sabroso, medicinal y nutritivo, amarillo o rojo, de deliciosa nuez o semilla, que en otros países llaman marañón, cajú o acajú.

Cuenta Rafaela García, presidenta de la junta de vecinos y vecinas de San José de Villa en Nagua, que en el año 2011, reunidos bajo la sombra de un marañón o mata de cajuil, varios vecinos y vecinas, pidieron al entonces candidato Danilo Medina que, de ganar las elecciones del año siguiente, realizara varias obras, entre ellas una estancia infantil.

Resulta que ya la tienen. Que Danilo no olvidó su promesa y cumplió. Agradecida, ella lo recuerda y el gobierno confirma tener buena memoria, para nada olvidadizo.

Y está bien que nuestra gente lo sepa. Y que celebremos con los vecinos y vecinas de San José de Villa que un presidente y su gobierno cumplan lo que han prometido.

En cada una de estas estancias, 226 niños y niñas desde los 45 días de nacidos hasta poco menos de 5 años, hijos de hogares pobres, reciben atención, cuidado, estímulos y alimentación de calidad, totalmente gratis.

Unas 30 estancias han sido entregadas de un total de 150 programadas. Desde hace unas semanas el ritmo de entrega se ha acelerado, a tal punto que se estima que al terminar el año, la mitad, 75 estancias, estarán en operación. Podrían ser más.

Por la estancia infantil empieza la revolución educativa y social en marcha en la República Dominicana y continúa al amparo de la jornada escolar extendida. Desde la primera infancia niños y niñas reciben la protección y el cuidado del Estado en solidaridad con sus padres y madres.

Así también construimos una Patria dominicana segura, saludable, de todos y de todas.

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