Ecuador, AP.- Rescatistas sacaban de los escombros decenas de cadáveres el domingo con sus manos luego de que un fuerte terremoto azotó la región costera de Ecuador el sábado en la noche, derrumbó decenas de edificaciones, generó destrucciones en algunas carreteras y ha dejado al menos 238 personas fallecidas y 1.557 heridas.

El epicentro del terremoto, de una magnitud de 7,8 grados y el más fuerte en afectar a Ecuador desde 1979, tuvo lugar en zonas ecuatorianas escasamente pobladas, compuestas por puertos de pescadores y playas turísticas, a 170 kilómetros (105 millas), de Quito, capital del país.

La mayor parte de las poblaciones de la provincia de Manabí, en Guayaquil, la capital y otras ciudades importantes, han sido las más afectadas incluyendo a Pedernales, Portoviejo y Manta, en la Costa Pacífica.

El presidente, Rafael Correa, que estaba en visita diplomática en El Vaticano, firmó un decreto declarando el estado de excepción y estaba por regresar desde Roma.

“Todo se puede reconstruir, pero no se puede reconstruir las vidas perdidas y eso es lo que más nos duele”, dijo en declaraciones al canal público EcuadorTv

En mensajes en su cuenta de Twitter, también pidió a los ecuatorianos que se mantuvieran firmes y que esperaba estar de vuelta en el país para el domingo por la tarde.

Muchas de las viviendas que se derrumbaron hacen partes de barriadas y las residencias, construidas con ladrillo y cemento barato, quedaron reducas a escombros a lo largo de la trayectoria del sismo.

En el centro de Guayaquil, el techo de un centro comercial se derrumbó y un puente de una autopista colapsó y aplastó un coche. En la capital, Quito, el movimiento telúrico se sintió durante aproximadamente 40 segundos y la gente huyó temerosa de los edificios hacia las calles. Se cancelaron eventos deportivos y conciertos en todo el país hasta nuevo aviso.

En Manta, el aeropuerto cerró después de que la torre de control colapsara e hiriera a un trabajador de control de tráfico aéreo y a un guardia de seguridad.

Alberto Reynas, de 58 años, estaba pescando en la costa de Pedernales cuando dice que algunas olas lo sacudieron violentamente.

Cuando volvió a tierra firme, encontró que la fachada de su casa, de dos pisos, había caído a la calle. No fue capaz de comunicarse con los miembros de su familia y pasó la noche durmiendo al aire libre al igual que sus vecinos, vigilando sus pertenencias para que los ladrones no se las llevaran.

“Se sentía igual en mar como tierra”, dijo. “Es pura tristeza. Todo está destruido”

Luis Quito dijo que pasó toda la noche dando agua a los huéspedes que estaban atrapados bajo los escombros del Hotel Chimborazo, de cuatro pisos y propiedad de su suegro, de quién dice que está desaparecido y teme que esté muerto.

“Estuvieron aclamando toda la noche”, dijo. “Tenemos vidas humanas atrapadas bajo los escombros. Tenemos pequeños. Queremos rescatistas. Nadie ha llegado hasta el momento”.

En Pedernales, una de las poblaciones más cercanas al epicentro, con 400.000 habitantes, un sinnúmero de edificaciones se encontraban en escombros y la gente deambulaba por las calles tras haber soportado una lluvia intensa durante toda la madrugada. Los cientos de personas que pasaron la noche en las calles apenas se cubrieron con mantas y cobijas.

En el transcurso de la mañana llegó maquinaria pesada para ayudar en la remoción de escombros al tiempo que la policía y las fuerzas armadas buscaban poner orden en medio del caos y destrucción.

Gabriel Alcívar, el alcalde de Pedernales, había pedido a las autoridades que enviaran excavadoras y equipos de emergencia por las decenas de edificios derrumbados, que dejó a cientos residentes bajo los escombros.

El alcalde informó de algunos incidentes de pillaje en el caos inicial, pero indicó que las autoridades estaban demasiado ocupadas tratando de salvar vidas como para restaurar el orden.

Un residente que no quiso identificarse tenía a su lado, en el suelo, los cadáveres de su esposa y una hija, quienes murieron a consecuencia del terremoto. Esperaba ayuda para llevarlas al cementerio.

“Solo quedan dos o tres edificios, que quedaron parados”, dijo a The Associated Press, Gari Coveña, residente del lugar. Agregó que hubo saqueos en los almacenes más grandes de la población, y desde la mañana la policía trataba de poner algo de orden en el caos, mientras los sobrevivientes, usando solo las manos, removían los escombros buscando a sus seres queridos.

Las vías de acceso estaban literalmente cortadas por derrumbes frecuentes.

Otro hombre, que no quiso ser identificado, dijo en medio de sollozos: “todos hemos perdido a familia. Hay muchos muertos en las calles y bajo los escombros, muchos que están atrapados debajo de casas y edificios. Pedernales está destrozada, prácticamente no queda nada en pie. Esperamos que el gobierno nos ayude de alguna manera. Pedimos ayuda. Todo está destrozado”.

En declaraciones exclusivas para la AP, el Vicepresidente Jorge Glas dijo al llegar a Pedernales: “estamos con la fuerza pública, con la policía nacional, estamos activando todos los mecanismos de socorro, de asistencia de heridos, protocolos de asistencia de salud”.

“Estamos buscando personas entre los escombros es una situación bastante compleja, estamos tratando de restablecer servicios básicos”, dijo. “Hago un llamado a la ciudadanía a guardar la calma en estos momentos, es momento de solidaridad, de la unidad de la coordinación, todos estamos unidos aquí… Acabo de dar las cifras (víctimas) hace unos minutos y las cifras muy probablemente vayan aumentando”.

El vicepresidente dijo que el gobierno ha dispuesto que 300 millones de dólares sean ubicados para la emergencia y agradeció por “la solidaridad y la rápida respuesta de países amigos: Venezuela, Colombia, México, Perú, España, Unión Europea y otros que han comprometido de rescatistas especializados con herramienta y tecnología y raciones alimenticias para este tipo de situaciones”.

El ministerio de salud ha convocado públicamente voluntarios médicos para atender la emergencia. Hasta la tarde del domingo se habían producido 189 réplicas de menor intensidad del terremoto.

Glas también dijo que no se presentaron daños significativos en obras de infraestructura hidroeléctrica ni en una refinería, que luego de una última inspección entrará en funcionamiento.

Más de 3.000 paquetes de ayuda, con comida y 8.000 kits para dormir fueron enviados a las zonas afectadas. También fueron despachados 200 bomberos a Pedernales y 300 a Manabí, según un comunicado de la Secretaría de Gestión de Riesgos.

“Hay mucha destrucción en el centro de la ciudad. Se han caído puentes, paredes y cerramientos”, dijo a la AP José Villacís, residente en Portoviejo. Conozco gente que ha muerto. Todos estamos muy nerviosos, se están sintiendo réplicas que nos dan más miedo”.

El Servicio Geológico de Estados Unidos situó el epicentro del sismo a una profundidad de 19 km (11,8 millas), 27 kilómetros (16 millas) al sur-sureste de Muisne, Ecuador.

David Rothery, profesor de Geociencias en Open University, al noreste de Londres, dijo que el sismo ecuatoriano fue unas seis veces más fuerte que el más potente de dos terremotos mortales ocurridos en el Pacífico, en la más meridional de las cuatro islas principales de Japón.

Un terremoto de magnitud 6,5 golpeó jueves cerca de Kumamoto, seguido por un terremoto de magnitud 7,0 tan sólo 28 horas más tarde. Esos terremotos mataron a 41 personas e hirieron a alrededor de 1.500. Aplastó casas y provocó grandes deslizamientos de tierra.  (AP)

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